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Persiguiendo a mi estafador: 8 lecciones para no ser víctima


Wham Bam Thank You Scam es una historia acerca de un hombre que fue estafado por un grupo que operaba desde Tailandia. Haciéndose pasar por una compañía legítima de inversionistas, le robaron más de U$D 100.000 dólares. Ahora, gracias a él y al documental que grabó en la búsqueda de su estafador, prenderemos valiosas lecciones que nos ayudarán a evitar ser víctimas del crimen organizado, la inoperancia de las autoridades y la corrupción de un banco internacional.

Lección Nro. 1: Si suena demasiado bueno para ser verdad, lo más probable es que lo sea

Keith Jones es un hombre australiano de unos 50 años. Es profesional, tiene experiencia en negocios y es inteligente. Un día estaba trabajando en su oficina cuando recibió una llamada muy interesante: una compañía que se hacía llamar Humphrey Capital Investors le ofrecía una oportunidad financiera única, la cual consistía en comprar acciones de Nokia, con una ganancia de entre un 10 y un 12 %. Keith sospechó de la llamada pero finalmente decidió depositarles una suma de dinero a una cuenta del banco HSBC a nombre de la compañía. Sin embargo, días posteriores al depósito, la compañía se esfumó de la faz de la tierra. No respondieron llamadas ni correos electrónicos. Esto internacionalmente es conocido como boiler room scams. Y era solo el comienzo…

Lección Nro. 2: Las apariencias engañan

Un tiempo después, Keith recibió un correo electrónico a nombre de un tal Edward Martin diciendo que la empresa anterior había sido adquirida por otra bajo el nombre de Wellnick Associates. Edward le dijo muy profesionalmente que ahora serÌa su nuevo asesor financiero y que esperaba con gusto realizar negocios en el futuro. Wellnick Investments contaba con una vistosa página web que brindaba detallada información de la empresa y su personal, y remarcaba las altas calificaciones de Martin. Y así fue como nuestro amigo Keith se dejó engañar una vez más y realizó diversas inversiones de bajo riesgo a nombre de la compañía, depositando siempre el dinero en otra cuenta del banco HSBC. La suma llegó a ser más de U$D 100.000. Pero un día, Wellnick Investments dejó de existir.

Keith Jones

Lección Nro. 3: Es casi imposible escapar de los vacíos legales

Obviamente, lo primero que hizo Keith fue apelar a la fuerza policial de su país. Sin embargo, como el crimen había sido cometido desde Tailandia con una cuenta bancaria alojada en Hong Kong, no había nada que pudieran (o quisieran) hacer. Al parecer, el valor monetario de la estafa era relativamente bajo como para contactar a las fuerzas internacionales. Los criminales obviamente se benefician de estas situaciones y operan de manera nómade: robando sumas relativamente bajas de dinero para luego buscar nuevas víctimas sin dejar rastros. No obstante, Keith había intercambiado numerosos correos electrónicos y hasta había hablado varias veces por teléfono con Edward Martin, quien tenía un acento claramente norteamericano. ¿Cómo era posible perderles rastro?

Lección Nro. 4: Aprovecha las herramientas a tu alcance

Jones no se quedaría de brazos cruzados. Estaba determinado a atrapar a sus estafadores. Esto lo llevó a revisar minuciosamente cada correo electrónico y gracias a un software de rastreo, pudo confirmar que los e-mails y las llamadas salían de Tailandia. Así emprendió la odisea de encontrar a los criminales que le habían robado su dinero.

Keith viajando por Tailandia

Lección Nro. 5: El banco no está para proteger tu dinero

Uno de los lugares principales para acudir era el mismo banco dónde había depositado el dinero. Contando con una reputación internacional, HSBC tiene una presencia muy fuerte en Bangkok. Keith los contactó por correo electrónico y por fax relatando su situación, pero su reclamo fue ignorado. Luego se dirigió personalmente a la central para solicitar ayuda pero las barreras burocráticas y de lenguaje hicieron inútil su intento de recibir información. Aparentemente HSBC no posee ningún tipo de departamento dedicado al fraude financiero y no hacen nada para evitarlo. Abren cuentas bancarias legítimas a criminales y estafadores, y los encubren sin ningún tipo de ética.

Lección Nro. 6: La información lo es todo

La odisea de nuestro amigo Keith continuó. Comenzó a solicitar información a los servidores que alojaban la página de Wellnick Investments. Luego de ser negado de datos valiosos una y otra vez, su persistencia dio frutos: la compañía de servidores finalmente le dio a Keith un número de IP con el cual pudo rastrear una dirección y una patente de una motocicleta. La búsqueda lo llevó a la región de Chiang Mai. Allí comenzó a hacer preguntas a los habitantes del lugar, buscando a una persona norteamericana que anduviera en motocicleta. Finalmente dio con la locación donde supuestamente vivía este Edward Martin. La pregunta era ¿Qué demonios iba a hacer cuando se lo encontrara cara a cara?

Lección Nro. 7: Puedes jugar el mismo juego que el criminal, pero siempre jugará mejor que ti.

En medio de una tremenda frustración, Keith le envió un intimidante correo electrónico haciendo alusión a unos “amigos poderosos” que lo habían llevado de paseo por su departamento en Chiang Mai, había visto su motocicleta y sabía el nombre de su novia. A lo cual Edward le respondió con una falsa cordialidad que rondaba lo psicópata: éste le devolvería U$D 50.000 de su dinero si daba fin a su investigación. Para esto necesitaría unas 5 semanas para reunir el capital. ¿Saben qué sucedió? Simplemente le dio tiempo para borrar sus huellas y alejarse definitivamente. El depósito nunca fue realizado y Keith se encontraba de nuevo en un limbo.

Lección Nro. 8: Nunca confrontes a tu enemigo solo y desprotegido

Keith emprendió su búsqueda acompañado únicamente de un camarógrafo con quien documentó su hazaña. No contaba con el apoyo de la policía local ni conocía el lenguaje como para comunicarse bien. Solo contaba con su intérprete, algunos taxistas amistosos y su determinación. Se dirigió al departamento donde supuestamente habitaba Edward Martin y tocó la puerta. Sin embargo, gracias al error cometido previamente, su estafador ya había escapado y nadie respondió. Keith igual salió del edificio hecho un manojo de nervios. Tailandia es un lugar culturalmente difícil, con una crisis política muy fuerte y se sabían de varios casos de australianos asesinados en el tiempo reciente. Definitivamente, haber ido solo a enfrentar a una organización criminal fue una idea peligrosa que lo dejó sin respuestas.

Lamentablemente la historia no cuenta con un final feliz, como suelen suceder con este tipo de crímenes. Los numerosos vacíos legales y la corrupción de los bancos hacen que los estafadores de este tipo se salgan con la suya. Sin dudas, este engaño fue parte de una red de crímen organizado la cual es muy difícil de desmantelar. Lo mejor que podemos hacer es conocer e informarnos de casos como este, y realizar cualquier tipo de transacción monetaria de manera cuidadosa. Una vez que el dinero es depositado en una cuenta ajena, es imposible recuperarlo. ¡A no caer en la trampa! 

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