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ADN como software y enzimas como hardware

Pocos días atrás nos planteábamos si era posible utilizar moléculas de ADN como dispositivos de memoria para nuestros ordenadores. Ahora, nos enteramos que en Japón están estudiando como utilizar éstas moléculas para crear el hardware y el software de futuros ordenadores “verdes”, que podrían funcionar incluso sin electricidad.

Este tipo de noticias en general producen cierto escepticismo, ya que como resulta obvio, no es nada fácil crear una tecnología completamente nueva destinada a reemplazar la electrónica que durante varias décadas ha sido la base de todos nuestros artilugios.

Sin embargo, nada dura para siempre. Los científicos estudian continuamente nuevas formas de tratar datos (que es lo que al fin y al cabo hacen todos nuestros aparatos), y algunos de los proyectos son realmente innovadores. Por ejemplo, en Japón un grupo de científicos pertenecientes a la Universidad de Tocoyama, bajo la supervisión de Ruchi Mallya están trabajando para construir ordenadores basados en ADN.

El científico japonés ha creado ADN artificial, que pretende utilizar como parte de una nueva generación de ordenadores ecológicos, capaces de funcionar con bajísimas (o incluso nulas) cantidades de energía. Según las declaraciones de Ruchi Mallya, estas moléculas podrían ser un reemplazo del silicio, que se viene utilizando como material básico de los chips actuales.

Mallya explica que el ADN funcionaría como lo hace el software, y un grupo de enzimas hacia las veces del hardware. Más allá de todas las dificultades que seguramente deberán enfrentarse antes de tener algún dispositivo concreto con esta tecnología, uno de los principales puntos a favor del proyecto es que la energía necesaria para que estos “chips” funcionen proviene de las propias “reacciones celulares."

Si abrimos nuestra mente y somos muy optimistas, el trabajo de Mallya podría promocionarnos en algún momento del futuro ordenadores (y móviles, y reproductores de medios, y GPS, y…) capaces de funcionar sin baterías. También es posible que nunca se haga realidad. Pero todo lo aprendido por el equipo japonés seguramente tendrá alguna aplicación práctica, o servirá de base para otra investigación. Al fin y al cabo, de eso se trata la ciencia.

Escrito por Ariel Palazzesi

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