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«Altruismo egoísta»: Una razón egoísta para trabajar por un mundo mejor

Si quieres algo, lo más efectivo para conseguirlo es que a todos le vaya bien

Todos tenemos intereses personales, y en la gran mayoría de los casos, esos intereses deben competir. En el pasado, dichas competencias se resolvían con sangre, y aunque en la actualidad las cosas no han cambiado demasiado, surgen otras visiones para desarrollar un mundo más rico y completo en todo sentido. Una de esas visiones es la del egoísmo altruista, de modo tal que si el resto de la gente crece a nivel económico y social, lo más probable es que a través de ese crecimiento puedas obtener lo que deseas.

Al principio, la economía a escala global estaba regulada por el rendimiento neto de la agricultura. Si bien existían otros elementos con un valor considerable (metales, armas, telas, etc.), la principal fuente de riqueza era la generación de alimentos. El tamaño fijo de las tierras destinadas a cultivo inevitablemente limitaba la producción. Desde cierto punto de vista uno puede decir que el sistema se encontraba en equilibrio, pero con la introducción de nuevos factores (comenzando por el aumento de la población), la ruta más directa para seguir creciendo era hacerlo a costa de alguien más. Eso nos lleva a la larga lista de guerras, conquistas, saqueos y «colonizaciones» que la humanidad realizó en su historia. Si el tamaño del pastel no cambiaba, la conclusión era una sola: El mejor vecino que podíamos tener trabajaba para nosotros, o estaba muerto.

Cientos de años después, la Revolución Industrial pateó la puerta y todo cambió. Las máquinas se encargaron del trabajo más pesado (lo cual también tuvo su lado oscuro), y la producción de alimentos se multiplicó, provocando un «efecto contagio» en otras industrias. Hoy podemos decir que estamos disfrutando de sus beneficios, con acceso a comida y agua segura, protección frente al clima, energía, transporte, salud y educación. Pero el mundo no se quedó con los brazos cruzados. La innovación entró en la ecuación, desarrollando soluciones para problemas clásicos, e incluso anticipando a otros que pueden surgir en el futuro cercano. Y ahí está la clave: Realmente quieres que esos problemas desaparezcan. ¿Por qué? Porque es lo que más te beneficia a nivel personal.

Por ejemplo: Aún hay niños trabajando en el campo. Tal vez pienses que no puedes hacer nada al respecto, pero esa situación no te sirve. Lo ideal es que esos niños accedan a una educación robusta, que a su vez habilitará el paso a carreras que los llevarán a industrias bajo las cuales podrán crear nuevos recursos para ti, y para ellos. Tu beneficio personal, tu «egoísmo» por así decirlo, no necesita más trabajo infantil: Necesita médicos, ingenieros, arquitectos, programadores, artistas. Gente a la que le vaya mejor, con nuevas ideas que multipliquen la innovación, asociada a demandas específicas por las que todos estaremos dispuestos a pagar, haciendo al mercado más grande, y optimizando nuestra calidad de vida.

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Escrito por Lisandro Pardo

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