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Análisis: Ubuntu 10.10

Hace poco más de un mes le dimos un vistazo a la beta de Ubuntu 10.10, y en ese entonces nos quedó la sensación de que esta nueva edición de la distro Linux más popular no sería otra cosa más que una especie de actualización menor, corrigiendo errores y eliminando algunos bordes filosos presentes en la versión 10.04. El domingo pasado fue 10 de octubre, y en un evidente juego de números, la gente de Canonical escogió el 10-10-10 para lanzar al build final de su versión 10.10. Como siempre, obtuvimos una copia, y la estudiamos un poco más de cerca.

Claro que, la gente de Canonical no se detuvo allí. Es decir, se trata de la versión 10.10, lanzada el 10 del 10 de 2010, a las diez y diez minutos con diez segundos. Pero el juego de números no es otra cosa más que una anécdota, más allá de que esta fecha se repita una vez cada cien años. Lo importante es y será el sistema operativo, aunque debemos confesar que el bulto fundamental del sistema operativo quedó expuesto tras el lanzamiento de su beta. Canonical realizó algunos movimientos en lo que se refiere a aplicaciones, modificó varios aspectos de la fase de instalación, y apostó varias fichas a refinar la interfaz exclusiva para netbooks, pero no mucho más que eso. Obviamente, Ubuntu 10.10 tiene sus puntos a favor, y hemos encontrado algún que otro detalle, algo que suele suceder en casi toda versión de Ubuntu que hemos tocado. Por lo tanto, si recibimos a Ubuntu 10.10 con la mentalidad adecuada, esta nueva actualización no debería decepcionar. Dicho eso, comencemos.

Aquellos usuarios que ya utilizan Ubuntu podrán obtener la nueva versión a través de las actualizaciones, pero quienes lo instalen desde cero en un ordenador notarán al nuevo instalador. Ya habíamos comentado que, mientras realiza la copia de archivos, el instalador solicita datos adicionales al usuario, como por ejemplo la configuración del huso horario. Aquellos que sean rápidos y precisos en la configuración podrán ahorrar algunos segundos, pero quienes deseen pensar un poco más no deben preocuparse, ya que el instalador esperará pacientemente a que todos los datos hayan sido ingresados. En caso de que Ubuntu detecte la conexión a Internet, ofrecerá la opción de ir descargando cualquier paquete que haya sido actualizado. Sin embargo, en nuestra prueba encontramos un detalle: No detectó la conexión activa, aunque bajó de todos modos las actualizaciones (la configuración manual de la placa de red fue interpretada como conexión de red y no como acceso a Internet).

Después de esperar menos de veinte minutos (la instalación se prolongó un poco más por la descarga de los paquetes), llegamos al escritorio. El fondo de pantalla por defecto es ligeramente diferente al que vimos en la beta, pero mantiene los mismos tonos, por lo que casi no hay diferencias. La cantidad de fondos disponibles por defecto se ha extendido a 21, aunque no hemos visto nada revolucionaro. Después de un nuevo ajuste a la placa de red (no conservó la configuración durante la fase de instalación), ejecutamos Firefox para navegar un poco… y debimos personalizar al navegador tal y como lo hemos estado haciendo desde hace ya varias versiones. Esta versión ha recibido optimizaciones para netbooks, pero algunas aplicaciones simplemente no parecen percatarse de ello. Dos barras y varios marcadores no son algo que un usuario desea ver en su instalación por defecto. En cuanto al resto del aspecto visual, encontramos al The Ubuntu Font Family, un nuevo paquete de fuentes que si bien mejora la capacidad de lectura dentro de Ubuntu, aún se encuentra un poco lejos de lo que pueden ofrecer las fuentes TTF bajo Windows.

Durante la beta habíamos notado que no había un acceso directo al Ubuntu One, pero ese es un detalle que ha sido corregido en la versión final. A decir verdad, Ubuntu One está funcionando muy bien, y para quienes no lo hayan probado nunca, crear una cuenta y establecer su configuración es algo muy sencillo. Por el lado de la obtención de aplicaciones, no hay grandes cambios en el Ubuntu Software Center, salvo por un detalle: Han llegado las aplicaciones pagas. Se había hablado mucho sobre el proceso de comercialización de aplicaciones dentro del sistema de distribución de software de Ubuntu, pero finalmente está aquí. Uno de los ejemplos más importantes es el del Fluendo DVD Player, con un costo de U$S 24.95.

Al resto de la banda ya la hemos visto en nuestro estudio de la beta. Brasero, Pitivi y Rhythmbox siguen gobernando con mano de hierro todo lo relacionado con multimedia, mientras que Empathy, Evolution y Gwibber hacen lo mismo con la mensajería en línea, el envío y recepción de correos electrónicos, y la asociación de cuentas a diferentes redes sociales. Lamentablemente, Ubuntu 10.10 sigue conservando a Shotwell como editor de imágenes. No dudé en criticar a este programa cuando lo observé en la beta, y no dudo en criticarlo ahora. Shotwell sigue siendo demasiado simple, y estoy convencido de que el usuario promedio de Ubuntu buscará una solución un poco más robusta a la hora de editar fotos. El GIMP sigue estando disponible en los repositorios, por lo que sólo sería cuestión de descargarlo, aunque insisto en la necesidad de un término medio. Después de todo, el GIMP puede ser tan complejo como el mismísimo Adobe Photoshop.

Para finalizar con el software, el paquete OpenOffice sigue estando presente, en su versión 3.2.1. Existe la posibilidad de que esta sea la última vez que veamos a OpenOffice con este nombre bajo Ubuntu, teniendo en cuenta los hechos ocurridos con LibreOffice, pero de momento no hay novedades aquí. El único inconveniente que he encontrado fue, para variar, con Adobe Flash. Durante la fase de instalación escogí instalar Flash y otros plugins "non-free" para extender la funcionalidad del sistema, pero encontré que Adobe Flash se rehusaba a funcionar. Una desinstalación y una reinstalación a través del Centro de Software no surgió efecto alguno, y en los foros de Ubuntu recomendaron lo que hubiese sido mi siguiente paso: Abrir una terminal, disparar el apt-get, y descargarlo a la vieja usanza.

Esta versión de Ubuntu cuenta con el kernel 2.6.35 de Linux, cuyo estable fue publicado el 29 de septiembre pasado (de acuerdo a la información disponible en kernel.org). Las optimizaciones en los tiempos de inicio siguen siendo tangibles, aunque es un factor que inevitablemente se ve asociado al poder de procesamiento general del ordenador. Hasta aquí, Ubuntu 10.10 se presenta como una actualización aceptable. Y queremos hacer énfasis en la palabra "actualización". Después de haber visto a la versión 10.04 y a la beta en septiembre pasado, no podemos hablar mucho de "sistema operativo independiente", pero sí de actualización. Canonical sigue dando golpes de martillo en donde son necesarios, ha estabilizado varios de los aspectos "en la nube" del sistema operativo, e incluso ha introducido aplicaciones pagas, algo sobre lo que los usuarios de Ubuntu pronto emitirán opinión. Más allá del incidente con Flash y de alguna que otra cosa, no encontramos razones para no recomendar la actualización de Ubuntu. Como siempre, es cuestión de paciencia. Los servidores pueden estar un poco sobrecargados, y si a la hora de descargar paquetes encuentras algún error, sólo tienes que intentarlo de nuevo más tarde. ¡Buena suerte!

Escrito por Lisandro Pardo

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