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Coltán: El verdadero precio del consumismo

El coltán es un mineral indispensable para la fabricación de algunos componentes electrónicos. Sin ellos, nuestros queridos gadgets no existirían. Sin embargo, la extracción de coltán ha condenado, de forma más o menos directa, a millones de personas a la muerte. ¿Hasta donde es éticamente correcto dejarnos llevar por el consumismo, para disfrutar de nuestros ordenadores, móviles y demás cacharros electrónicos?

Existe un componente que forma parte de casi todos los circuitos electrónicos que puedas imaginar. Se trata de los condensadores de tantalio, una variación muy popular del condensador común y corriente. Si te tomaras el trabajo de desarmar tu ordenador, receptor GPS, teléfono móvil, netbook, reproductor de medios o cualquier otro gadget que tengas a mano, seguramente encontrarías unos cuantos de estos chismes en su interior. De hecho, se han convertido en una pieza prácticamente indispensable en la fabricación de equipos electrónicos.

El tantalio se obtiene a partir de un mineral llamado coltán, que es una mezcla más o menos proporcionada de columbita y tantalita. El tantalio tiene algunas propiedades físicas, como la resistencia al calor y algunas propiedades eléctricas únicas, que lo hacen particularmente bueno para la fabricación de los condensadores electrolíticos de tantalio. Casi todo el tantalio que los fabricantes de electrocomponentes necesitan provenía de Australia. Pero, desde hace unos años, se sabe que la República Democrática del Congo dispone del 80% de las reservas mundiales estimadas de este mineral.

Sin embargo, y contrariamente a lo que podría parecer a simple vista, el poseer grandes cantidades de coltán se ha convertido en una desgracia para el Congo. Es que, impulsados por la creciente fiebre de consumo de equipos electrónicos que experimenta el mundo entero, el mineral se ha convertido en algo tan valioso como el oro o los diamantes. Y siempre que hay grandes cantidades de dinero de por medio, alguien aprovecha la situación para hacer sus negocios. Las primeras denuncias dieron cuenta que se estaban depredando parques naturales para convertirlos en minas de coltán, desplazando o amenazando a la vida salvaje. Pero luego se empezó a sospechar de algunas cuestiones mas graves.

Según informes de agencias internacionales como Independent Media Center, la exportación de coltán ha financiado a diferentes bandos políticos del Congo, país que libra una serie de conflictos internos (la Segunda Guerra del Congo), que ya le ha costado la vida a 4 millones de personas. El contrabando y la falta de escrúpulos de algunas empresas dedicadas a la extracción de este mineral hacen que, de forma más o menos directa, la explosión de los gadgets que tanto nos gustan lleve a las multinacionales a conseguir coltán a cualquier precio. Y no hablamos precisamente de un costo monetario, sino de la vida de miles personas (de todas las edades, niños incluidos) explotadas en pos del preciado mineral y de las otras tantas que mueren en el fuego cruzado de los bandos en conflicto.

Obviamente, no es fácil encontrar un culpable de la situación. Tampoco podemos tirar por la borda todo nuestro sistema de comunicaciones y procesamiento de datos de un día para otro, por cuestiones morales. Dejar de minar coltán, al menos por el momento, significaría un atraso importante en el avance de la ciencia y la tecnología. Entonces, ¿qué se puede hacer? Por un lado, y lo más importante, las organizaciones internacionales (políticas, de derechos humanos, ONG, etc) deberían aplicar presión y vigilar de cerca lo que sucede en el país (sin intervención militar, por favor, ya sabemos cómo termina eso). Por otro lado, se debería investigar de qué son capaces las corporaciones para acceder al mineral y aplicar las denuncias, en caso de encontrar irregularidades (y con nombre y apellido, así todos nos enteramos).

Nosotros también podemos ayudar. No es cuestión de dejar de comprar cosas, como pueden decir los extremistas, sino refrenando nuestros impulsos consumistas. Si simplemente consumimos lo que necesitamos, nuestro aporte tendría un gran impacto no solo en este tema, sino en el medioambiente todo. No cambiar de móvil cada tres meses, por ejemplo, es el mejor aporte que puedes hacer. Y, claro, si descubres que tal o cual marca utiliza métodos inhumanos para hacer sus productos, córtale tu apoyo. ¿Tal vez sea una misión para Proyecto 10 al 100? ¿Alguna idea?

Escrito por Ariel Palazzesi

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