Menu
in

¿Comeremos insectos en el futuro?

La ONU quiere incentivar la creación de granjas de insectos para que la humanidad pueda consumir grandes cantidades de bichos y sustituir en parte la dieta habitual de las sociedades occidentalizadas. Argumentan que el ganado tradicional agota los recursos naturales y, sobre todo, que se podrían evitar gran parte de sus gases “traseros” de efecto invernadero, que según algunos estudios, son los principales responsables del calentamiento global ¿Tu cambiarías un buen bistec por una sabrosa ración de cucarachas a la plancha por tal de ayudar al planeta?

No se trata de ninguna broma de mal gusto (nunca mejor dicho). El entomólogo Arnold van Huis considera el consumo de insectos en la dieta humana como una buena propuesta porque representa una serie de ventajas sobre la ecología y el bienestar de la sociedad que merecen ser valoradas. Antes de que nuestros lectores se lleven las manos a la boca en señal de una incipiente descarga de fluidos gástricos, hemos de decir que los argumentos del científico no son tan descabellados y, a poco que los analicemos desprovistos de prejuicios, la idea no nos parecerá tan horrible ni tan fuera de lugar.

Recordemos que en otras culturas se comen todo tipo de insectos con toda naturalidad e incluso algunos están considerados auténticos manjares al alcance de muy pocos bolsillos. Y a la inversa, muchas culturas encuentran absolutamente repugnante que algunos países europeos (España y Francia) degusten los caracoles como una delicatessen. Incluso los astronautas comen gusanitos de seda. Es una mera cuestión cultural que podemos entrenar puesto que el sabor de las comidas está en nuestra mente.  

Huis ha escrito un documento donde expone las ventajas de incluir a los insectos en nuestro menú habitual y también propone unas directrices para que nos acostumbremos progresivamente al consumo de estos animales tan desagradables para nuestra cultura. El experto asegura que el ganado tradicional genera una enorme cantidad de gases de efecto invernadero cuando expelen por su parte trasera el metano que producen sus intestinos. La cría controlada de gusanos de la harina o de grillos, emitiría a la atmósfera 10 veces menos metano y 100 veces menos óxido nitroso. Además, el riesgo de contraer enfermedades contagiosas por comer bichos sería mucho menor ya que estos animales se encuentran a años luz de cualquier parentesco biológico con nuestra especie. Y como colofón, el experto afirma que sería mucho más barato y más sencillo producir este tipo de comida. Existen 1000 especies que son perfectamente comestibles y que aportan gran cantidad de proteínas, nutrientes y minerales. La variedad está garantizada.

Tan racional le ha parecido a la FAO el plan de Huis que está valorando con sumo interés el documento que ha presentado. La ONU tiene la firme intención de patrocinar la implantación masiva de este tipo de industria. Por lo pronto, están incentivando la construcción de granjas  de insectos en Laos y ya existen 15.000 granjeros tailandeses “cultivando” langostas en sus propios hogares. Y para evitar que en occidente sea rechazada de plano esta iniciativa, Huis propone dos fases para introducir la idea: En la primera, se convertiría a los bichos en pienso para ganado tradicional y, en la segunda, se introduciría poco a poco para el consumo humano, inicialmente en forma de pastel de carne, para que nuestros paladares se fueran acostumbrando al manjar insectívoro.

¡Camarero! de beber me pone usted un chorro de espuma de lombriz de tierra espachurrada. No muy caliente, por favor. Y me trae una sopa fluida de gusano verde de primer plato, una ensalada de larvas meneándose en su hoja, una tortilla de garrapatas rellenas, un bistec de muslo de langosta poco hecho y un pastel de antenas de grillo. ¡Ah!, y no le ponga cebolla, que luego me huele el aliento.

Escrito por imported_Kir

Leave a Reply