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Desarrollan memoria “gelatinosa”

Las memorias utilizadas hoy pueden ser volátiles o estáticas, lentas o rápidas, baratas en extremo o costosas hasta llegar al límite de lo absurdo, pero todas ellas tienen algo en común: Son rígidas. Necesitan de un entorno específico para operar, y no se llevan muy bien con la idea de condiciones extremas, algo que en general puede aplicarse a toda la informática. Sin embargo, investigadores de la Universidad Estatal de Carolina del Norte han desarrollado una “memoria blanda”, con una apariencia que rápidamente nos hace pensar en gelatina.

La biología y la tecnología, más allá de los grandes esfuerzos realizados hasta ahora, aún continúan por caminos separados. La ciencia ficción ha sabido cruzar ambas cosas, como los Borg en Star Trek, los Tecnomagos de Babylon 5, y un ejemplo que encaja a la perfección en este artículo, Johnny Mnemonic. Aunque en ese caso Johnny había sido “mejorado cibernéticamente”, la idea de una memoria blanda ha estado flotando de forma furtiva entre nosotros. Memorias blandas, basadas en un medio diferente al clásico silicio, con una mayor resistencia y un mejor funcionamiento en lugares considerados extremos para la electrónica “convencional”. Las memorias actuales son frágiles, y mucho. No se llevan bien ni con golpes ni con vibraciones, y hasta un marcado exceso de humedad o temperatura en el ambiente puede afectarlas. No por nada los fabricantes asignan “rangos de operación” para sus productos.

Ahora, un grupo de investigadores de la Universidad Estatal de Carolina del Norte ha desarrollado un dispositivo de memoria que posee propiedades fisicas muy similares a la gelatina. La memoria puede ser sometida a presión, y opera especialmente bien en entornos húmedos, “parecidos al cerebro humano de acuerdo a los investigadores. En el aspecto técnico, se basa en una aleación líquida de indio y galio, introducida en un gel basado en agua. Esta memoria tiene algunas propiedaes que podrían asociarla con un memristor. Opera en dos estados, uno con conductividad y el otro sin ella, formando así los 0s y 1s necesarios para el almacenamiento propiamente dicho.

El diseño no ha sido optimizado aún, y la memoria no puede guardar mucha información que digamos. Sin embargo, son sus propiedades de biocompatibilidad las que entusiasman a los desarrolladores. Tejidos y células podrían interactuar con esta memoria sin el clásico riesgo de rechazo… pero es evidente que falta mucho para eso. Estamos muy lejos de convertirnos en “pendrives caminantes”, y los involucrados aún deben probar que dicho diseño de memoria puede resultar viable. Por supuesto, esperamos que lo logren. La creación de memorias blandas podría abrir la puerta para que otros componentes sigan el mismo camino evolutivo.

Escrito por Lisandro Pardo

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