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El ser vivo más rápido del planeta

¡Es el hongo Pilobolus!

¿Un pájaro? ¿Un insecto? ¿Usain Bolt? Nada de eso. El ser vivo más rápido del mundo puede dejar en un pozo de vergüenza incluso a los artificios humanos más complejos. Es tan rápido que si fuéramos sometidos a una fracción de su capacidad de aceleración seríamos mucho menos que papilla. Imaginamos que ya deben estar pensando algunas posibilidades, pero la respuesta se encuentra en un lugar increíble, y dicho sea de paso, particularmente asqueroso.

Una de las maravillas de Internet es que se ha convertido en la fuente de información ideal para responder a aquellas preguntas algo complejas que suelen hacer los niños. Por supuesto, la idea no es sentar a un pequeño frente a un artículo sobre reproducción en Wikipedia cuando pregunta “¿De dónde salen los bebés?”, pero en algunos casos Internet permite ciertos atajos muy creativos y sanos, mientras que en otros puede dar una respuesta directa y precisa.

Imaginemos por ejemplo una pregunta como “¿qué es lo que corre más rápido?” Esa es relativamente fácil, ya que se trata del guepardo. Pero los más bajos de la casa no suelen conformarse con eso, y eventualmente llega el “¿hay algo más rápido?” Uno puede hacer referencia a un halcón, que puede quebrar la barrera de los trescientos kilómetros por hora, con la obvia diferencia de que vuela y no corre.

Pilobolus, el ser vivo más rápido del mundo

Pero hay algo más rápido aún. No corre, ni tampoco vuela, sino lo que hace es expulsar. Ahora, no faltará quien puntualice el hecho de que aceleración y velocidad no son lo mismo, sin embargo, la habilidad de esta minúscula criatura es sorprendente. A simple vista no se puede decir mucho sobre el Pilobolus, más allá de ser un género de hongos que crece en el estiércol. La espora del Pilobolus es consumida por los herbívoros directamente sobre el césped, sobrevive a todo el proceso de digestión, y germina una vez que el excremento es evacuado.

El logro del Pilobolus llega al “disparar” la espora. Puede llegar de cero a treinta y dos kilómetros por hora en apenas dos millonésimas de segundo, y su aceleración alcanza los veinte mil G’s. Si tenemos en cuenta que pilotos de caza altamente entrenados y experimentados pueden soportar nueve o diez G’s por unos pocos segundos, es fácil llegar a la conclusión de que la aceleración de la espora del Pilobolus es una monstruosidad.

Lo más sorprendente de todo es que el Pilobolus tiene una razón perfectamente lógica para disparar a sus esporas de ese modo. A su escala, el aire es mucho más “espeso”, por lo que la espora sufre de un importante nivel de fricción. Aún así, un Pilobolus puede arrojar a su espora a una distancia máxima de dos metros, lo suficientemente lejos del estiércol como para que otro herbívoro la consuma, y repita su ciclo de vida naturalmente.

El vídeo pertenece a un documental de tres episodios presentado por la BBC en marzo de 2010 llamado “Richard Hammond’s Invisible Worlds”, que hace un especial énfasis en la utilización de alta tecnología para ver y apreciar aquello que normalmente se escapa a nuestros ojos. Si la penicilina se encontró en pan mohoso, y el ser vivo más rápido del planeta está en el estiércol, sólo nos queda esperar a ver de dónde saldrá la siguiente maravilla.

Escrito por Lisandro Pardo

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