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El software del futuro

Lejos han quedado los días en que un programa de ordenador apenas era capaz de calcular el estado de una cuenta bancaria, o mover un puñado de pixeles por una pantalla. Los Sistemas Expertos y las Inteligencias Artificiales esta a un paso de volverse algo habitual, revolucionando el mundo que conocemos.

Hace solo 30 años, un programa típico ocupaba unos pocos KB de memoria, y realizaba tareas sumamente sencillas. Difícilmente tenía la capacidad de interactuar de una forma compleja con el usuario, o de descubrir los errores que este cometía. Simplemente, se limitaba a repetir una serie de tareas pautadas de antemano, de una forma completamente rígida. En realidad, el software actual continua haciendo lo mismo, pero el conjunto de reglas implementadas en el es tan grande y complejo, que a menudo parece tomar decisiones por sí mismos.

Resulta inconcebible un procesador de textos que no sea capaz de corregir nuestra ortografía, o sugerir sinónimos. Incluso en muchos casos corrigen el estilo de lo que escribimos. Existen al menos una docena de juegos de video en los que los enemigos controlados por el ordenador exhiben una “inteligencia” tal, que resultan prácticamente imposibles de vencer. Y en algunos juegos de mesa un programa de ordenador es el campeón absoluto e imbatible.

Todos estos ejemplos nos demuestran que el software está evolucionando, haciéndose cada día más complejo y competente. Sistemas de Inteligencia Artificial (IA) ya son capaces de determinar el estado de ánimo de una persona simplemente “viendo” una imagen de su rostro, o predecir el comportamiento de los mercados bursátiles. Y se trata de una disciplina en la que recién estamos comenzando a trabajar seriamente.

Las interfaces que el software emplea para comunicarse con el usuario también han cambiado para mejor. Hemos padecido enormes paneles de luces de colores que representaban el contenido de la memoria en un momento determinado, terminales que imprimían sus respuestas en papel, tubos de rayos catódicos plagados de mensajes crípticos y modernos LCD llenos de ventanas e iconos. Por fin estamos haciendo avances reales en la forma en que interactuamos con nuestros programas: rostros robóticos capaces de expresar decenas de emociones, sistemas que reconocen órdenes verbales o incluso dispositivos capaces de interpretar los movimientos de nuestro cuerpo.

Todas estas mejoras, junto a los continuos avances realizados en la capacidad del hardware, permitirán el desarrollo de un nuevo tipo de software. No estamos hablando de una súper planilla de cálculo o un formidable procesador de textos. Estamos pensando en un “ente” que reaccione ante nuestra presencia y palabras tal como lo haría un ser vivo. Nos referimos al fin del software tal como lo conocemos, y el nacimiento de algo más parecido al HAL9000 de la película “2001”.

La incorporación de tecnologías hápticas y sistemas de reconocimiento de voz hará que hacia el 2009 los teclados comiencen a desaparecer de los escritorios. Los documentos se crearán oralmente, y los programas se controlaran mediante gestos corporales o “toques” sobre una pantalla virtual. Si has visto la película "Minority Report" tienes una buena idea de a que nos referimos.

Pero la Ley de Moore que predice la duplicación de la capacidad de procesamiento de los ordenadores cada 18 meses no se detiene, y el hardware será capaz de albergar software cada vez más complejo. Aproximadamente en el 2020, ya sobre el límite de la miniaturización permitida por las leyes de la física cuántica, los ordenadores correrán programas de IA con una capacidad similar a la de un cerebro humano. Si sostuviésemos una conversación sobre cualquier tema con un software de esa época, creeríamos que estamos hablando con un humano.

Pocos años más tarde, de la mano de un hardware compuesto por chips cuánticos masivamente paralelos (con cientos de núcleos corriendo a la par), el software será incluso superior al más inteligente de los humanos. Más allá de la discusión filosófica de si serán conscientes de sí mismos o no, estos programas podrán abordar problemas de ingeniería, física o demografía mejor que cualquier experto humano. Cada alumno del futuro tendrá un “maestro” particular, que no será más que un software con personalidad propia, adaptada a su estudiante y especializado en los temas que el niño necesite aprender.

Gran parte del software migrará desde los ordenadores hacia los más diversos aparatos. Coches, trenes, barcos, electrodomésticos, y casi todo lo que puedas imaginar, tendrán incorporada una “personalidad” propia. Este software de IA será el que determine las posibilidades reales de estos mecanismos. El gadget perfecto estará en todas partes. Nuestro refrigerador conocerá nuestros gustos (y el estado de nuestra cuenta bancaria), y encargará de hacer las compras necesarias para reponer los faltantes.

Algunos artefactos muy comunes, que ya parecen haber dado todo de sí, mejoraran su desempeño. Imagina que el software residente en tu grabadora de video (HD-DVD o alguno de sus sucesores) conozca tus gustos sobre cine, y se encargue de grabar las películas que encajen con tus aficiones a medida que las emiten por los canales de cable. O que recopile las noticias sobre deportes, ciencia o política que tanto te gusta a ver al llegar a casa. Todo esto es posible con el software adecuado. Una IA con la inteligencia de un niño podría hacerlo con facilidad.

A mediados de este siglo, los mecanismos del cerebro humano habrán dejado de ser un secreto, y la nanotecnología será una ciencia dominada, que proporcionara chips increíblemente complejos en un espacio sumamente pequeño. El software (o parte de él) será implantado en nuestro cerebro, comunicándose directamente con el usuario mediante imágenes, sonidos, olores o sensaciones táctiles que introducirán directamente en las regiones apropiadas de la mente. Los “Microsoft” descriptos por William Gibson en sus novelas ciberpunk serán una realidad.

Claro, también esperamos con ansías la carga de conocimientos a la Matrix global. Cuando podamos transferir nuestras memorias a un ordenador, el siguiente paso evolutivo estará listo: nosotros mismos seremos software.

Escrito por Ariel Palazzesi

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