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El teorema del mono infinito, ¿puesto a prueba?

En los últimos años se hicieron algunos intentos…

Teorema del Mono Infinito

El teorema del mono infinito ha sido documentado hasta el cansancio: Si un mono se sienta frente a una máquina de escribir a golpear sus teclas por una cantidad infinita de tiempo, existe la probabilidad, por más remota e insignificante que sea, de obtener como resultado las obras de William Shakespeare, o en esencia, cualquier otro texto. La prueba matemática para el teorema es relativamente sencilla, pero no todo el mundo sabe que un proyecto buscó reproducir los trabajos del famoso Bardo, usando millones de monos virtuales…


El artículo de Wikipedia sobre el teorema del mono infinito posee algunos ejemplos interesantes: En primer lugar, si la probabilidad de lluvía en Moscú para un día particular es 0.4, y la probabilidad de un terremoto en San Francisco es 0.00003, entonces la probabilidad de que ambos sucedan el mismo día es el producto de su multiplicación, o sea, 0.4 × 0.00003 = 0.000012.

Ahora, ¿qué sucede con las palabras? Si calculamos la probabilidad de producir la palabra «banana» en una máquina de escribir de 50 teclas, tenemos una relación de 1/50 para cada letra de la palabra. El resultado es 1/50^6, o la probabilidad de 1 en 15.625 millones. Esto nos ayuda a visualizar el aspecto más extremo del teorema: La probabilidad se reduce exponencialmente, pero al no ser cero, nos lleva a la engañosa conclusión de que es posible… a menos…


William Shakespeare y monos virtuales

teorema del mono infinito
Sin restricciones, no nos alcanzarían millones de universos. Pero con algunas reglas y millones de monos virtuales… todo cambia

que hagamos un poco de trampa, por supuesto. Con eso en mente viajamos a septiembre del año 2011, mes en el que un programador llamado Jesse Anderson creó el Million Monkeys Project, con millones de monos virtuales y sus respectivas máquinas de escribir sobre Amazon EC2 y hardware local. En términos relajados, la «basura» escrita por los monos tenía un límite de nueve caracteres, y era comparada constantemente con el texto en los trabajos de Shakespeare.

Si el resultado era negativo, el sistema se encargaba de descartar la cadena de caracteres. Al mismo tiempo, los monos virtuales de Anderson tenían la ventaja de ignorar espacios, puntuación y mayúsculas. Lógicamente, esas y otras restricciones artificiales fueron esenciales: Los monos procesaron un promedio de 180.000 millones de grupos de caracteres diarios durante un mes y medio… pero llegaron al final, reproduciendo todas las obras de Shakespeare.

¿Y en la vida real? Lo más cercano que tenemos es un experimento en el zoológico de Paignton (Reino Unido) en el año 2002, organizado y financiado por estudiantes de la Universidad de Plymouth. Los encargados instalaron un ordenador frente a un grupo de seis macacos Sulawesi. ¿Qué fue lo que obtuvieron? Cinco páginas de la letra S, la ocasional aparición de A, J, L y M… y un teclado cubierto en excremento. Desde cierto punto de vista, los monos se ca**ron en Shakespeare.


Fuentes: IFLScience!, The Guardian, Jesse Anderson 


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Escrito por Lisandro Pardo

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