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Euphonia: La máquina parlante del siglo XIX

Los inventores japoneses ya nos han mostrado el aspecto tétrico de la robótica del siglo actual, con androides de miradas penetrantes y rasgos tan perfectamente definidos que impactan con su innatural belleza. Brrr… el escalofrío corre por nuestras espaldas cuando nos imaginamos a una de estas robots esperando a que nos despertemos para cantarnos con una voz humana (mal) imitada por los sintetizadores al estilo Loquendo. 

Es que vamos, no hay soledad, depresión, aislamiento social, bullying patológico o enfermedad altamente contagiosa que justifique la presencia de semejante monstruo en tu hogar. Sin embargo, los humanos somos bastante particulares, y por ello los inventores a veces se despachan con estas terroríficas invenciones que tienen muchos seguidores en el mundo. Sobre todo porque este Frankensteinismo es algo que viene dándose desde hace años, y si no nos creen habrá que revisar a Euphonia, una máquina que hablaba con voz humana y que por la tecnología que tenía implementada, tuvo que ver mucho con la invención del teléfono.

La máquina llamada Euphonia fue inventada por Joseph Faber, un inmigrante alemán que continuó su trabajo en los EEUU, donde en Philadelphia terminaría exhibiendo su extraña máquina parlante en 1845. Según indican los documentos de la época, esta máquina digna de Ripley’s Believe it or not tenía 16 teclas que proveían los sonidos elementales para palabras que se encontraban en los lenguajes europeos.

A través del movimiento de la mandíbula, lengua, labios y cuerdas vocales, estas 16 teclas podían reproducir sonidos reconocibles. Además, Euphonia tenía una decimoséptima tecla, que correspondía a la glotis mecánica. Con una monotonía propia de la insuficiencia que tenía el modelo, la máquina parlante podía llegar a cantar canciones si quien estaba detrás  del teclado era un operador muy habilidoso.


Debido a la capacidad parlante que tenía Euphonia, la gutural voz que salía de su boca tuvo un reconocimiento por parte de Joseph Henry como una inspiración tecnológica en la creación del telégrafo. Muchos de los que vieron la máquina en la acción hicieron la acusación de que una persona pequeña podría haber estado escondida en su interior.

Al parecer, una persona inspeccionó el funcionamiento mecánico del Euphonia y estaba convencido de que no había engaño involucrado, como el de Faber empleando un ventrílocuo, por ejemplo. Así y todo, Faber terminó su aventura de exhibición de la máquina bastante deprimido porque no tuvo la atención que creía que merecía. Sin embargo, alguien sí volvió muy entusiasmado luego de ver la máquina parlante del siglo XIX, Alexander Melville Bell, el padre de Alexander Graham Bell.

Escrito por Nico Varonas

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