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Flexblue: Una central nuclear submarina

Ideas sobre sitios para construir centrales nucleares sobran. Las hemos instalado lejos o cerca de las grandes ciudades, en lugares alejados y hasta hemos pensado en construirlas en el Ártico. Pero la DCNS (Direction des Constructions Navales) francesa ha dado la nota al presentar el proyecto Flexblue, que incluye la instalación de una de estas plantas en el lecho marino, entre 60 y 100 metros bajo la superficie del mar. Si bien está ubicación proporciona algunas ventajas, también es cierto que los riegos ecológicos no son poco. ¿Resultará viable esta idea?

Los astilleros militares franceses (DCNS, Direction des Constructions Navales) han presentado un proyecto que seguramente despertará la polémica. Se trata de Flexblue, un reactor nuclear submarino capaz de generar hasta 300 megavatios de electricidad. Está energía tendría como principal destino las ciudades costeras e isla, pero al igual que ocurre con la que se genera mediante cualquier otro mecanismo, puede ser “inyectada” en la red nacional de energía y aprovechada por todos los habitantes del país. La decisión sobre su viabilidad sería tomada en algún momento del año próximo o a más tardar el siguiente, y si resulta aprobada, la primera de ellas podría entrar en servicio en el año 2017.

Francia ha tomado muy seriamente la propuesta. Ha destinado un equipo compuesto por más de 150 ingenieros y proporcionado fondos por un monto de “decenas de millones de euros” para convertir la idea de Dirección de Construcciones Navales en un proyecto concreto. La DCNS tiene sobrada experiencia en el tema, y cuenta en su haber con la construcción de al menos 18 reactores nucleares que se han instalado en los submarinos y los portaaviones nucleares de la Marina francesa, las compañías  estatales Areva y EDF, y en el Comisariado de la Energía Atómica (CEA). Según se ha comunicado, el diseño básico de estas centrales submarinas consiste en un enorme cilindro de entre 12 y 15 metros de diámetro provisto de un reactor y una central eléctrica. Una vez instalado sobre el lecho marino, a una profundidad de entre 60 y 100 metros y situada a varios kilómetros de la linea costera, sería capaz de proporcionar la energía que consume una ciudad de entre cien mil y un millón de habitantes.

El agua de mar brindaría la fuente la enfriamiento que este tipo de centrales necesitan para funcionar. Este es el motivo por lo que casi siempre las centrales nucleares se instalan a la vera de un río. El agua de mar no tendría contacto directo con el material nuclear, ya que como ocurre en las centrales terrestres, un intercambiador de calor se encarga de transferir la energía térmica sin contaminar el agua. Los franceses ven este emplazamiento como una verdadera garantía de seguridad, ya que las decenas de metros de agua que cubre la central la protegerían de eventuales caídas de aviones, meteoritos, rayos o terremotos.

Obviamente, lo que para ellos es una ventaja para otros expertos constituye un aumento del riesgo ecológico, sobre todo en caso de producirse alguna fuga o fallo de seguridad. De ser aprobado el proyecto, las centrales se construirían en las instalaciones que posee la DCNS en el puerto de Cherburgo, y luego se las transportaría por mar hasta su destino final.  Patrick Boissier, presidente de la DCNS, insiste en que este tipo de central resultaría más barata y segura que un reactor convencional, factores que le permitirían a Francia disponer de abundante electricidad a un precio más competitivo. Se estima que existe un mercado potencial para unas 200 unidades de este tipo, que podrían ser fabricadas y vendidas en los próximos 20 años.

Sin embargo, no hay que olvidar que las tareas normales de mantenimiento o el trabajo de los equipos encargados de “sellar” una de estas plantas en caso de fuga serán más complejas que si se encontrasen en tierra firme. Solo hay que imaginar lo que hubiese pasado si la central de Chernobyl se hubiese encontrado en el lecho marino. Las tareas de “encoframiento” del núcleo del reactor -que requirió del volcado de miles de toneladas de cemento- hubiesen sido casi imposibles, por no hablar del daño que hubiese causado al frágil equilibrio ecológico del habitar marino. Como sea, no deja de ser una idea interesante que, si finalmente resulta aprobada, proporcionará energía abundante a un costo muy razonable.

Escrito por Ariel Palazzesi

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