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Ford Nucleon: El coche atómico que nunca fue

El placer de conducir… con un reactor nuclear a tus espaldas


Imagina un coche moderno, con un diseño seductor, amplio espacio, techo corredizo, y una autonomía de 8.000 kilómetros. Muchos modelos ofrecen los primeros cuatro puntos sin mayores sobresaltos… ¿pero 8.000 kilómetros? En 1958, la Ford creía que un vehículo así era posible, siempre y cuando utilizara un reactor nuclear. Esa idea dio lugar al Ford Nucleon, uno de los conceptos más extraños que han salido de esta compañía, y que por algún motivo sigue llamando nuestra atención.

Calculo que muchos de nuestros lectores han jugado a la saga Fallout (en especial sus últimas entregas). Varios vehículos aparecen destruidos en el páramo nuclear, pero sus diseños no provienen completamente de la imaginación de los programadores, sino que están basados en un modelo «explorado» en la vida real. El año era 1958, y los soviéticos habían «encendido la primera vela» de la Carrera Espacial.

El Advanced Styling Studio de Ford era muy bien conocido por sus extraordinarios conceptos y el talento que salió de allí, pero hubo un proyecto que automáticamente quedó separado del resto. Me refiero al Ford Nucleon.

… no, no tiene puertas.

El Nucleon pertenece a una categoría diferente por una simple razón: El plan original era equiparlo con un reactor nuclear basado en fisión de uranio, una tecnología similar a la que encontramos en los submarinos. La celda nuclear necesitaría ser reemplazada por personal especializado en estaciones de carga dedicadas cada ocho mil kilómetros, aunque el conductor tendría la posibilidad de ajustar el rendimiento de reactor para una administración más precisa.

El Nucleon presentaba una apariencia muy aerodinámica y futurista, con parabrisas de una sola pieza y techo corredizo. La forma general del coche también buscaba mantener su equilibrio, debido al enorme peso del reactor, y la distancia mínima obligatoria entre el sistema y la cabina de pasajeros.

William Clay Ford Sr., nieto de Henry Ford, posando junto al mini Nucleon

Como era de esperarse, el Ford Nucleon nunca fue más allá de sus modelos a escala hecho en masilla y fibra de carbono. De hecho, los diseñadores ni siquiera se tomaron la molestia de resolver el desafío de una entrada para los pasajeros.

El blindaje requería toneladas enteras de plomo, y si a eso le sumamos el peso natural del reactor, los problemas de logística al distribuir celdas nucleares, el procesamiento de aquellas ya agotadas, y el siempre presente riesgo de un accidente (ya sea un choque del vehículo o errores en el mantenimiento), el Ford Nucleon quedó «condenado» a su actual rol de pieza de museo.

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Escrito por Lisandro Pardo

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