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Frankenstein y ciencia: Si se puede, ¿se debe?

Probablemente hayas leído Frankenstein de la escritora inglesa Mary Wollstonecraft Shelley, publicada en 1918. Si bien a primera vista puede parecer un cuento de Ciencia Ficción o terror, lo cierto es que en ella se exploran temas como la moral científica, la creación y destrucción de vida, y la tecnología intentando competir con Dios.

Esta impresionante novela es considerada el primer texto del género ciencia ficción. Surgió como resultado de una “competencia” entre Lord Byron, John Polidori (su médico personal) y el matrimonio formado por Percy y Mary Shelley, durante el verano de 1816. Ese año se produjo la erupción del Tambora, y el hemisferio norte soportó un largo y frío “invierno volcánico”. Esta situación, junto a los experimentos científicos levados a cabo por Luigi Galvani y los escritos de Erasmus Darwin, seguramente influyeron en Mary al momento de escribir “Frankenstein”. De Galvani y sus experimentos con músculos de batracios tomó la idea del poder de la electricidad para revivir cuerpos ya inertes.

Frankenstein y ciencia

La historia de Víctor Frankenstein, un estudiante de medicina obsesionado por conocer “los secretos del cielo y la tierra” y desentrañar “la misteriosa alma del hombre”, pone sobre el tapete la lucha entre la ciencia y la ética: ¿podemos hacer cualquier cosa, solo porque sabemos cómo hacerlo? Lo interesante del caso es que… ¡el escrito de Shelley está cerca de cumplir los 200 años de edad!

Víctor logra insuflar vida a cuerpo creado a partir de la unión de distintas partes obtenidas de varios cadáveres. La tecnología empleada, si bien no se detalla en profundidad en el libro, es la que estaba de moda en el momento de escribir la novela: la electricidad. Víctor sabe como devolver un montón de piezas a la vida, y lo hace. No se pone a pensar qué va a pasar más tarde con su creación. Simplemente, ve la oportunidad, tiene los medios y los conocimientos, y no duda en bajar la palanca que hará fluir la electricidad por el monstruoso cuerpo para darle vida.

El hecho de que ni siquiera le haya dado un nombre (en la novela solo se lo refiere como “Monstruo de Frankenstein”) nos da una idea de cuáles son los intereses de Víctor: la creación de vida a partir de cuerpos muertos, sin importarle demasiado los temas éticos o los sentimientos y problemas de su creación.

Víctor no duda en bajar la palanca y darle vida.

Cuando Víctor Frankenstein se da cuenta de las implicaciones que tiene lo que ha creado, rechaza el resultado de su experimento y huye del laboratorio. Con una gran inocencia, cree que simplemente negando lo que ha hecho, el problema desaparecerá por sí mismo.

A pesar de haber sido escrita en los comienzos de la revolución industrial, la novela es una alerta de los conflictos que pude provocar el desarrollo científico. De hecho, la rebelión de la criatura contra su creador (y sus allegados) es un claro mensaje de los males que derivan del uso irresponsable de la tecnología y las consecuencias imprevistas de su uso.

Las consecuencias del avance científico

Las buenas historias, como ésta o las de Julio Verne, nos invitan a hacer un serio balance acerca de las drásticas consecuencias que los avances de la ciencia y la tecnología pueden traer consigo. La realidad es mucho más preocupante que las historias que fueron escritas hace tantos años. Tomemos, por ejemplo, ramas de la ciencia como la clonación o la nanotecnología. ¿Es lícito, desde el punto de vista moral y ético, modificar genes de seres vivos? ¿Sabemos exactamente qué consecuencias puede tener la eliminación o el agregado de alguna característica en una bacteria?

Es algo completamente normal el utilizar organismos vivos modificados genéticamente para producir medicamentos. También existen infinidad de especies vegetales que han sido cambiadas en su estructura genética para que produzcan mejores frutos o sean resistentes a plagas y pesticidas. Pero ¿estamos seguros que no se transformaran en un problema más grande que el que están ayudando a resolver?

La nanotecnología, otro peligro latente.

Nos hemos erigido en un sitial otrora reservado a los dioses. Tomamos el secreto de la vida en nuestras manos, tal como hizo Víctor. Hoy sabemos que mediante un simple proceso de manipulación del genoma humano se pueden obtener individuos que posean una mayor expectativa de vida, coeficiente intelectual o aptitud física.

Si simplemente nos limitarnos a realizar todo lo que científicamente podemos hacer, ¿no corremos el riesgo de crear una serie de individuos destinados a una determinada labor, con un papel ya prefijado desde antes de que tenga lugar su nacimiento? ¿Éstos no serian los Frankenstein del futuro?

La diferencia abismal que existe entre la creación del doctor Frankenstein y lo que podría salir de un laboratorio moderno es que el monstruo que escapó del laboratorio de Víctor cobró unas pocas vidas. Cualquier virus o bacteria genéticamente modificada contra el que no dispongamos de anticuerpos o vacuna, puede costarnos millones de vidas, o hasta la extinción. La situación es la misma, pero la magnitud del posible desastre es inconcebiblemente mayor.

En NeoTeo somos fervientes defensores de la tecnología y la ciencia, así como usuarios de todos sus productos, y agradecemos todos los beneficios que nos proporciona. Pero también somos conscientes que vivimos en un mundo que no tiene copia de seguridad por si algo sale mal. Es muy poco probable que una verdadera catástrofe como las comentadas ocurra, pero no estaría nada mal debatir y acordar el uso que hacemos de la ciencia.

Escrito por Ariel Palazzesi

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