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Geobacter sulfurreducens, un nanocable viviente

Un equipo de la Universidad de Massachusetts, dirigido por el científico Mark Tuominen, compuesto por físicos y biólogos ha utilizado una bacteria, la Geobacter sulferreducens, como conductor de electricidad. Esta bacteria posee largos filamentos que salen de su cuerpo y que pueden conducir la electricidad “tan bien como un metal”. En la naturaleza, estos seres emplean sus filamentos para deshacerse de los electrones que surgen como un subproducto de su proceso digestivo. Los científicos creen que este extraño ser vivo podría servir para crear pequeñas baterías orgánicas o circuitos biológicos que serían mucho más económicos que los tradicionales de silicio.

Mientras que buena parte de los laboratorios universitarios del mundo se encuentran investigando cuestiones relacionadas con la nanotecnología, un grupo de físicos y biólogos de la Universidad de Massachusetts, dirigido por el científico Mark Tuominen, ha preferido estudiar las particulares características de una bacteria. Es que dicha bacteria, la Geobacter sulferreducens, es capaz de conducir la electricidad tan bien como un metal, propiedad que la convierte en un interesante candidato para la industria electrónica. La Geobacter sulferreducens posee una serie de largos y delgados tentáculos que salen de su cuerpo, una suerte de “nanocables vivos” que utiliza para eliminar el exceso de electrones que se produce en su organizo como subproducto del proceso digestivo. Los científicos involucrados en este trabajo afirman que haber descubierto un ser vivo capaz de conducir tan bien la electricidad puede ser el primer paso para crear pequeñas baterías orgánicas o incluso “conductores biológicos”, componentes que resultarían mucho más baratos de producir que los  elementos tradicionales de silicio o metal.

Estos filamentos, llamados “pili”, han demostrado ser capaces de conducir electrones con mayor eficiencia que algunos metales, seguramente gracias al “trabajo” realizado por la naturaleza durante millones de años de evolución. Los filamentos que salen del cuerpo de la Geobacter sulferreducens son hasta 20 veces más largos que su cuerpo. Debido a que se trata de un ser que vive en zonas anaeróbicas,  un medio carente de oxigeno, no pueden eliminar los electrones excedentes al respirar de la misma manera que lo hacen los animales (humanos incluidos). Los largos “electrodos” que salen de su cuerpo se encargan de esta tarea. La bacteria fue descubierta en la década de 1980 en los barros del río Potomac. Mark Tuominen explica que su equipo realizó el experimento a partir de un pequeño electrodo sobre el que se hizo crecer una capa de la bacterias recubriendo su superficie. Luego midieron la conductividad del organismo haciendo pasar una carga eléctrica a través de las bacterias. “La capa de bacterias”, dice el científico, “probó tener las mismas propiedades que si hubiese sido construida de metal. No esperábamos que la naturaleza pudiera producir un conductor tan bueno como el metal. Es la primera vez que se descubre algo así, y estamos muy emocionados”.

Además de resultar un descubrimiento único en cuanto a lo biológico, el trabajo de este equipo de científicos podría servir para dar los primeros pasos en el camino de fusionar la electrónica con los sistemas biológicos. Además, los sistemas creados con esta tecnología serían más baratos que los tradicionales, ya que requiere materiales raros o escasos. El descubrimiento fue publicada en la última edición de la revista Nature Nanotechnology.

Escrito por Ariel Palazzesi

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