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“Latro”, una lámpara basada en fotosíntesis

Mike Thompson ha puesto a punto una original lámpara de aspecto “retro” que obtiene la energía eléctrica necesaria para funcionar de la fotosíntesis. Dentro del cuerpo del artefacto vive una colonia de algas que convierten la luz solar y el anhídrido carbónico en energía eléctrica que es almacenada en una batería. Completamente autónoma, la “Latro” (“Ladrón” en latín) es perfectamente capaz de mantener tu cuarto iluminado durante las noches ¿Podría aplicarse este principio a mayor escala?

Hemos buscado durante décadas una fuente de energía que resulte amigable para con el medio ambiente. Generadores de electricidad basados en el movimiento de las olas, en la fuerza del viento o en la energía de los fotones que despide el Sol son moneda corriente en los tableros de dibujo de los diseñadores, pero lo cierto es que solo un muy pequeño porcentaje de la energía que se consume en el planeta proviene de esas fuentes. La naturaleza, por el contrario, ha resultado sumamente pródiga en la “invención” de formas de obtener energía: al fin y al cabo, cada vez que “el pez grande se come al chico”, el primero obtiene energía del cuerpo de la desafortunada víctima. Los vegetales, por su parte, logran transformar el CO2 y la energía del Sol en moléculas orgánicas estables. No es ningún secreto que la vida en nuestro planeta se mantiene en buena medida gracias a este proceso, llamado fotosíntesis, que realizan las algas y las plantas. Los vegetales son verdaderas fábricas con la capacidad de sintetizar la materia orgánica imprescindible para la constitución de los seres vivos a partir de la luz y la materia inorgánica, y se estima que cada año unas 100.000 millones de toneladas de carbono se fijan en forma de materia orgánica gracias a este proceso. Si pudiésemos “copiar” la forma en que la naturaleza hace esto, podríamos obtener energía limpia, abundante y barata.

Mike Thompson, un diseñador que ya ha presentado antes algunos conceptos realmente innovadores, ha desarrollado una lámpara que obtiene la energía eléctrica que necesita para funcionar del proceso de fotosíntesis que lleva a cabo una colonia de algas que vive en su interior. Para desarrollar su “Latro” -término que en latín significa “Ladrón”- Thompson se inspiró en un trabajo previo realizado por los científicos de la Universidad de Stanford y Yansei. Simplificando bastante, la lampara obtiene la electricidad gracias a unos pequeños electrodos de oro -solo 30 nanómetros de ancho- que conducen la electricidad que se genera en los cloroplastos (los órganos que poseen los vegetales para realizar la fotosíntesis) desde el compartimiento de las algas hasta una batería. Esta electricidad almacenada en la batería es la que se utiliza para producir la luz.

Dado que se basa en el proceso de la fotosíntesis, esta lámpara debe permanecer durante el día en un sitio adecuado, donde reciba la luz del Sol. Además, cuenta con una pequeña boquilla en la que su dueño puede respirar para proveer de CO2 que el artefacto necesita para hacer su magia. Una válvula deja escapar al oxigeno que se genera como “desperdicio” durante el funcionamiento de la lampara, y otra permite agregar agua al compartimiento de las algas cuando haga falta. Sencilla, bonita y eficiente, “Latro” es un ejemplo de como podríamos copiar a la naturaleza para generar energía sin dañar -a veces irreversiblemente- nuestro medio ambiente.

Este genial concepto combina partes iguales de naturaleza y tecnología para proporcionarnos una lámpara que no solo produce energía gratis sino que no contamina -el único desperdicio que produce durante su funcionamiento es oxígeno-  y extrae CO2 de la atmósfera. ¿Podríamos utilizar algo como esto a mayor escala para generar la energía que consume una casa o una ciudad? Probablemente sí. El principal problema que enfrentamos hoy para construir una versión gigante de “Latro” es la necesidad de insertar los electrodos de oro en los cloroplastos. Sin embargo, así como puede aprovecharse el metano de la descomposición de los excrementos de los cerdos, es probable que con un poco de ingenio podamos algún día tener usinas que produzcan electricidad limpia a partir de enormes tanques de algas. Posiblemente, una planta generadora de este tipo sea mucho más económica y realista que instalar paneles solares en la Luna. Como sea, queda mucho camino por recorrer antes de disponer cantidades importantes de energía limpia. Mientras tanto, seguiremos quemando combustibles fósiles para obtenerla.

Escrito por Ariel Palazzesi

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