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Nacerá el primer bebé libre de cáncer

Esta semana nacerá en Inglaterra el hijo de una mujer que vive en Londres. No sería una gran noticia si no se tratase del primer "bebé de diseño" de Reino Unido, que fue diseñado sin el gen “BRCA1”, por lo que nacerá sin el gen del cáncer de mama, ovario o próstata. Aún no se sabe si será varón o mujer.

Seguramente recordarás el caso del niño español que fue concebido para ayudar a su hermano mayor, quien padecía una anemia congénita severa. El cordón umbilical del bebé se utilizó para hacerle un trasplante al otro niño. En muchos países la selección de embriones está prohibida pero, en otros, las legislaciones es más benevolente y permite llevar a cabo estos verdaderos milagros médicos. Finalmente la ciencia ficción, con sus historias y argumentos maravillosos, está siendo igualada por la ciencia lisa y llana. Tal vez por eso esta noticia no nos sorprende del todo. De hecho, no debería hacerlo.

Paul Serhal, uno de los médicos especialistas en reproducción más conocidos del mundo, del University College de Londres, ha sido el responsable de hacer viable un embrión que, de adulto, será inmune a algunas de las formas más comunes de cáncer. Concretamente el bebé, que del que aún no se sabe si será varón o mujer pero nacerá en Londres esta semana, no posee el gen BRCA1 (“breast cancer 1”), por lo que nunca padecerá un cáncer de mama, ovario o próstata. Al menos, no de origen genético. Este gen BRCA1 está ubicado en el cromosoma 17.

Los padres del niño, cuyas identidades no han trascendido por obvios motivos de privacidad, poseen una desafortunada carga genética. El padre es portador del gen BRCA1 y al menos cuatro mujeres de su familia –su abuela, su madre, su hermana y una prima– han padecido cáncer de mama en su juventud. Las estadísticas prevén que si tuviese un hijo (o hija) por los métodos “tradicionales”, tendría no menos de un 60% y hasta un 80% de posibilidades de sufrir de un cáncer de mama en algún momento de su vida. Si fuese varón, aunque no enfermase podría transmitir el maldito BRCA1 a sus descendientes.

Sabiendo eso, consultaron a Serhal, quien antes de comenzar con un tratamiento de fertilización artificial les explicó detalladamente cómo que es posible seleccionar, de varios embriones, cuáles tienen o no algún gen en particular. Los futuros padres estuvieron de acuerdo, y en abril de este año el equipo médico disponía de once embriones in vitro. Los exámenes mostraron que al menos seis de ellos tenían la versión alterada del gen BRCA1. La pareja seleccionó entonces dos del grupo que no contenían el gen, y fueron implantados en el útero de la mujer de 27 años. Sólo uno de ellos prosperó, y la pareja tendrá su hijo “libre de cáncer” en algún momento de esta semana.

En realidad debemos recordar que la eliminación de este gen no impide por completo la posibilidad de futuros problemas. La genetista Siobhan Sengupta, quien ayudó a diseñar este test revolucionario de selección, señala que las niñas que nacen tras una intervención de ese tipo todavía pueden desarrollar un cáncer como consecuencia de factores no genéticos.

Hasta aquí la noticia. Por supuesto, esto plantea todo un dilema profundo, que como sucede en estos casos, divide las opiniones en dos grupos a menudo irreconciliables. Por un lado, y generalmente apadrinados por grupos religiosos u opositores a los avances tecnológicos, mucha gente se revela ante este tipo de practica con argumentos del tipo “no es natural” o “se condenaron a muerte a diez niños para que uno de ellos pudiese nacer”. Por otro, están los científicos que buscan la forma de evitar sufrimientos innecesarios a sus pacientes y los padres, que tienen la potestad de decidir si quieren o no tener hijos (y de qué manera hacerlo).

No se trata de una cuestión sencilla. No tenemos que confundir “embrión” con “niño”. Un embrión es un puñado de células que tiene la posibilidad, si todo sale bien, de convertirse nueve meses más tarde en un bebe. Pero aún no lo es. En el otro lado de la ecuación se encuentra la posibilidad de una vida más sana. Por ejemplo, esta técnica se ha utilizado ya en más de mil casos para evitar la transmisión del gen de la fibrosis cística o de la enfermedad de Huntington, que tarde o temprano condena a muerte a sus pacientes.

A lo largo de los siglos hemos aprendido a utilizar preparados obtenidos de ciertas plantas para tratar problemas sencillos. Más tarde, hace solo unas décadas, descubrimos los antibióticos, cuya aplicación ha salvado millones de vidas. Y ahora la genética nos permite directamente evitar que nuestros hijos enfermen de algunas patologías terribles. ¿Debemos renunciar a esta posibilidad? ¿Es diferente, desde el punto de vista ético, utilizar penicilina para tratar una infección que utilizar una terapia como ésta? Y lo más importante: si fuese tu hijo ¿evitarías que enferme de cáncer mediante este procedimiento?

Escrito por Ariel Palazzesi

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