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Panspermia: Tú podrías ser un marciano

En 1996, el polémico descubrimiento de lo que parecía ser fósiles marcianos en un meteorito hallado en la Antártida, revolucionó la comunidad científica. Doce años más tarde seguimos sin saber si esas pequeñas marcas sobre la roca son de Marte o no (o incluso si son o no fósiles). Pero un nuevo estudio ha demostrado que es posible que los rastros de vida, y quizas la vida misma,  puedan sobrevivir al castigo de un viaje interplanetario.

Panspermia

Se llama panspermia a la hipótesis que sugiere que la vida se encuentra diseminada por todo el universo, y que en la Tierra se propagó a la llegada de algún meteorito extraterrestre “contaminado” con algún tipo de vida elemental, que más tarde evolucionó hasta llegar a la diversidad que vemos en la actualidad. La idea no es nueva, de hecho, tiene su origen en consideraciones del filósofo griego Anaxágoras. El término “panspermia” es algo más moderno, ya que fue acuñado por el biólogo Hermann Ritcher en 1865, basándose en el idioma griego (παν, todo y σπερμα, semilla). Varios científicos famosos, como el astrónomo (y escritor) Fred Hoyle, han apoyado la idea de la panspermia.

Una colonia de bacterias Chroococcidiopsis.

Pero la comunidad científica prefiere basar sus hipótesis en experimentos y no ideas. Por plausibles que están parezcan, deben ser comprobadas. Y para determinar si realmente es posible que algún tipo de ser vivo (al menos de la clase que conocemos en la Tierra) puede desplazarse por el espacio y vivir para contarlo, Frances Westall y un grupo de colaboradores del National Center for Scientific Research (CNRS), de Francia, decidieron hacer algunas pruebas. Colocaron una capa de roca de dos centímetros de espesor sobre el escudo térmico de una capsula Fotón M3, con una colonia de bacterias Chroococcidiopsis encima. Se trata de un tipo de bacterias bastante común en los desiertos de la Tierra.

Surveyor III, con sus “Streptococcus mitis” a bordo.

Cuando la cápsula regresó del espacio, el roce con la atmósfera hizo que la roca se calentase hasta unos 3000 grados Fahrenheit (1.680 grados centígrados). La mayor parte de la roca desapareció como producto del calor y, de los 2 centímetros originales, solo quedaron 8 milímetros convertidos en una especie de corteza blanca de cuarzo. Sin embarg,o aun era posible ver, sobre la estructura original de la roca, los microfósiles de las bacterias. Esto es una prueba de que las marcas existentes sobre la roca marciana hallada en la Antártica podrían ser efectivamente de bacterias. El calor de la reentrada a la atmósfera no basta para borrarlas.

Por supuesto, esto aún no prueba de que la vida pueda viajar por el espacio, solo que al menos lo hacen sus huellas. Pero hay más pruebas que apoyan la hipótesis panspermia. Por ejemplo, se han hallado bacterias en la atmósfera, a 40 kilómetros de altura. Las condiciones en semejante sitio no difieren demasiado de las del espacio exterior. Y una colonia de  bacterias “Streptococcus mitis”, que fueron llevadas a la Luna por accidente en la Surveyor III en 1967, estaban vivas tres años más tarde cuando regresaron a la Tierra a bordo del Apollo XII.

Detalle del meteorito hallado en la Antártida.

Por supuesto, esta teoría que no resuelve el problema fundamental de cómo surgió la vida: simplemente, traslada la responsabilidad del origen a otro lugar. Pero aún así, no deja de ser una idea interesante, con pruebas concretas que avalan su viabilidad. Quizás, mientras buscamos a ET por el universo, descubramos que está en la Tierra, y que todos somos sus descendientes directos.

Escrito por Ariel Palazzesi

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