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Podremos crear vida artificial en unos 10 años.

Aunque suene a película barata de ciencia ficción, los expertos aseguran que antes de que transcurran 10 años, alguna forma de vida artificial será creada en el laboratorio. Incluso, los más optimistas creen que sería posible en sólo 3 años.

Desde que se escribió Frankenstein, la imagen de un científico intentando crear vida se asocia a algún tipo de catástrofe o final poco feliz. Sin embargo, muchos científicos se hallan abocados a dicha tarea, aunque por supuesto, sin utilizar trozos de cadáveres humanos.

Contrariamente a lo que puede pensarse, las formas de vida fabricadas por el hombre podrían resolver una gran variedad de problemas, incluyendo la cura de ciertas enfermedades y la producción de gases que ayuden a eliminar del aire sustancias tóxicas.

Los expertos aseguran que en un lapso de tiempo no mayor a 10 años (y quizás mucho menor que eso) algún científico que trabaje en este campo haga el anuncio esperado. ”Va a ser algo muy importante, y todo el mundo lo va a saber de inmediato”, aseguró Mark Bedau, director de ProtoLife, una de las empresas que está detrás de este objetivo. ”Estamos hablando de una tecnología que podría cambiar nuestro planeta de una manera total e impredecible”, agregó.

En realidad, la creación de una primera célula de vida sintética a partir de elementos básicos puede no significar demasiado al público en general, al fin y al cabo se trata de algo muy pequeño para poder verlo a simple vista, y que de todos modos la naturaleza lo realiza continuamente. Pero para Bedau “la creación de protocélulas tiene el potencial de arrojar nueva luz sobre el lugar que ocupamos en el universo, eliminando uno de los misterios sobre la creación del mismo y nuestro papel en él”.

Los científicos suponen que pueden sortear los tres obstáculos fundamentales que se enfrentan al intentar crear vida sintética: la creación de una membrana que proteja a las células y que permita el ingreso de las moléculas necesarias; la puesta a punto de un sistema genético que controle las funciones de la célula y permita su reproducción; y un metabolismo que obtenga energía de la materia que la rodea.

Incluso, uno de los referentes en este campo, Jack Szostak, de Harvard, predice que en los próximos seis meses podría tener lista una membrana de este tipo. Y va más allá, al mostrarse confiado en obtener los nucleótidos para elaborar el sistema genético. Szostak cree que si construyen la membrana y se agregan los nucleótidos, la evolución encargará de todo lo demás. ”No somos los suficientemente inteligentes para diseñar cosas, dejemos que la evolución haga el trabajo más duro y después estudiemos qué ha pasado”, dice Szostak.

Y hay más. El problema se está atacando de todos los frentes posibles. En Gainesville, Florida, Steve Benner ha agregado 8 nuevas bases a la estructura primaria del ADN (adenina, citosina, guanina y timina).

Para tranquilizar a los que temen al “síndrome Frankenstein”, Bedau se apresura a señalar es imposible una forma de vida artificial se escape del control del laboratorio: ”Cuando creemos una forma de vida, seguramente será tan débil que será todo un reto mantenerlas vivas una hora. No cabe en nuestra imaginación el hecho de que puedan escapar”, finaliza.

Realmente, nos gustaría tener su misma confianza. La posibilidad de que un organismo totalmente nuevo, contra el cual carecemos absolutamente de defensas o anticuerpos, escape de un laboratorio no es precisamente tranquilizadora.

Escrito por Ariel Palazzesi

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