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¿Puede una tormenta solar destruir nuestra civilización?

Analizando el poder oculto de nuestra estrella madre

Tormenta solar

Es uno de los principales factores para el desarrollo de la vida en la Tierra, sin embargo, bajo las condiciones adecuadas podría acabar con todos nuestros avances en cuestión de minutos. A simple vista, el Sol parece estable y confiable, pero una vez que comienza a disparar plasma y radiación, se encienden las alarmas. Si una eyección de masa coronal mucho más intensa de lo normal llegara a golpear al planeta, la tormenta geomagnética que le sigue podría dejar de cabeza a todo lo que dependa de electricidad para funcionar. ¿La peor parte? Esto ya sucedió antes.


Si buscamos un caso similar en el amplio espectro de la ciencia ficción, creo que una de las primeras opciones sería «The Day the Earth Stood Still». En la versión original, la demostración de Klaatu es contundente: El mundo entero, sin electricidad por treinta minutos, con las únicas excepciones siendo hospitales y aviones en pleno vuelo. Ahora, imagina al planeta «congelado» de ese modo por un tiempo más largo… y sin filtro.

Lo más llamativo es que no necesitamos a ningún alienígena para eso. Nuestro propio Sol podría disparar un evento similar, y si estudiamos su evolución, no sería la primera vez. En uno de sus últimos vídeos, la gente de Kurzgesagt explora la potencia de las tormentas solares, y sus consecuencias en caso de que golpeen a la Tierra con una intensidad muy superior a la normal. La pregunta es: ¿Cómo comienza algo así, cuando el Sol parece tan tranquilo…?

(N. del R.: Los subtítulos en español ya están disponibles)


Eyecciones de masa y tormentas solares


El Sol es como un océano gigantesco de plasma, el cual se ve alterado por su propio campo magnético. Un campo magnético crea electricidad, y la electricidad crea un campo magnético, lo que nos lleva a la dínamo solar, proceso fundamental para que el Sol mantenga su integridad magnética. La energía del campo se esparce a través de todo el Sistema Solar cargando plasma, lo que usualmente llamamos viento solar. Pero los cambios en el flujo del plasma también producen cambios en el campo magnético, creando «nudos» con una gigantesca cantidad de energía acumulada. Cuando esos nudos se rompen, el Sol arroja de todo… y en todas direcciones.

Una fulguración solar (o erupción solar, si así lo prefieres) barre con las partículas del viento solar y las acelera a velocidades muy cercanas a la de la luz. Por otro lado, una eyección de masa coronal puede disparar millones de toneladas de plasma de la atmósfera solar, desarrollando unos nada despreciables nueve millones de kilómetros por hora. Pero la Tierra cuenta con muy buenas defensas, y estos cambios en el «clima solar» no afectan a la humanidad… en la gran mayoría de los casos. De hecho, a veces tenemos la posibilidad de disfrutar su «impacto» en la forma de auroras.



Sin embargo, el concepto de «supertormenta solar» es perfectamente válido, y sabemos que hay una o dos de esas por siglo. Si una eyección tiene el tamaño mínimo necesario y su campo magnético está alineado con el de la Tierra, surgen las condiciones para una tormenta geomagnética. Una vez más, el ser humano no sentirá nada, pero sus creaciones basadas en electricidad podrían pasarlo muy mal.

Sin lugar a dudas, el caso más recordado es el Evento Carrington de 1859. Colapso de la red de telegrafía, choques eléctricos a sus operarios, auroras en todo el mundo. A pesar de los límites en nuestro desarrollo tecnológico, el evento supo dejar su huella. En 2012, una tormenta solar de magnitud similar al Evento Carrington no alcanzó a la Tierra por apenas nueve días de diferencia. Se calcula que el costo para reparar los daños después de una tormenta con esas características sería de unos 2.8 billones de dólares (nuestros billones) sólo en los Estados Unidos, veinte veces el costo del huracán Katrina. La buena noticia es que podemos defendernos de algo así, pero la preparación es clave.


Escrito por Lisandro Pardo

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