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El mensaje al futuro de Einstein: Palabras para el año 6939

El renombrado físico, en un viaje de 5.000 años


En la Feria Mundial del 1939, la Westinghouse Electric & Manufacturing Company enterró lo que sería la primera de dos cápsulas del tiempo. Con un diseño muy avanzado para la época, Westinghouse aseguró que el contenido sobreviviría por 5.000 años, y así quedó «destinado» para los habitantes del año 6939. ¿Qué hay dentro de la cápsula? Objetos cotidianos, muestras de plásticos, telas y metales, y más de diez millones de palabras guardadas en microfilm. Entre esas palabras aparece un mensaje del mismísimo Albert Einstein, el cual tiene cierto tinte pesimista…

Todas las flechas apuntan al ejecutivo y experto en relaciones públicas George Edward Pendray como el creador de las cápsulas Westinghouse. Por supuesto, semejante tarea involucra a mucho más que enterrar un trozo de metal. El tiempo fue implacable con otros proyectos que no tomaron los recaudos necesarios, pero Westinghouse diseñó una aleación especialmente preparada para resistir la corrosión, llamada Cupaloy.


A.W. Robertson, presidente de la Westinghouse Electric Company (izquierda) y Grover A. Whalen, presidente de la Feria Mundial de New York (derecha).

En esencia, se trata de un cilindro de cobre al 99.4 por ciento, con una longitud de 2.3 metros, 22.2 centímetros de diámetro, y unos nada despreciables 360 kilogramos. El espacio donde se guardó el contenido se asemeja a una ampolla gigante de vidrio, con unas dimensiones de 210 por 17 centímetros. Obviamente, no puede haber nada de oxígeno en su interior, y el «reemplazo» escogido fue nitrógeno.

Por lejos, el aspecto más interesante de la cápsula está en las diez millones de palabras y las mil imágenes guardadas en microfilm (la cápsula incluye instrucciones para construir un lector). Tres de las mentes más importantes de la época compartieron sus pensamiento para que fueran depositados en la cápsula: Thomas Mann (Premio Nobel de Literatura 1929), Robert Andrews Millikan (Premio Nobel de Física 1923), y Albert Einstein. La traducción al español que circula del mensaje posee varios errores, por lo tanto, nos tomamos la libertad de realizar algunos humildes ajustes:


La traducción al español se basa en la traducción autorizada al inglés

Nuestra era es abundante en mentes creativas, cuyas invenciones podrían facilitar considerablemente nuestras vidas. Hoy cruzamos los mares merced a la fuerza desarrollada por el hombre, y empleamos también esa fuerza para aliviar a la humanidad del trabajo muscular agotador. Aprendimos a volar y somos capaces de enviar mensajes y noticias sin dificultad alguna a los más remotos lugares del mundo, por medio de ondas eléctricas.

Sin embargo, la producción y distribución de bienes se halla por completo desorganizada, de manera que la mayoría ha de vivir temerosa ante la posibilidad de verse eliminada del ciclo económico, y sufrir así la falta de lo necesario. Además, los habitantes de las distintas naciones se matan entre sí a intervalos irregulares, y por esta razón, todo el que piense en el futuro debe vivir sintiendo miedo y terror. Esto es debido al hecho de que la inteligencia y el carácter de las masas son incomparablemente inferiores a la inteligencia y al carácter de los pocos que producen algo valioso para la comunidad. Confío en que la posteridad lea estas declaraciones con un sentimiento de orgullo, y una justificada superioridad.


No es una descripción muy alentadora que digamos. La crítica a «la inteligencia y el carácter de las masas» nos obliga a pensar en la situación política a fines de los años ’30, con la Alemania nazi a punto de hacer volar Europa por los aires, y un Albert Einstein virtualmente refugiado en los Estados Unidos (recibió la ciudadanía en 1940). Thomas Mann tampoco fue muy positivo, llamando a la idea del futuro como mundo mejor «una falacia de la doctrina del progreso». En fin, sólo espero que en el futuro este pesimismo por parte de mentes tan brillantes haya caído en lo anecdótico, y que realmente seamos mejores.


Más detalles sobre la cápsula: Clic aquí



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Escrito por Lisandro Pardo

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