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Commodore Amiga: 25 años de amistad

Es mes el mítico ordenador de Commodore cumple 25 años. Pocas veces la industria informática ha sido capaz de producir un ordenador tan innovador como el Commodore Amiga. La leyenda cuenta que el equipo de diseñadores -liderados por Jay Miner– estaban desarrollando en realidad una consola de videojuegos basada en el mejor microprocesador de la época, el Motorola 68000, pero antes de terminar el trabajo los inversores decidieron que necesitaban comercializar un ordenador. Esto podría explicar los impresionantes gráficos y sonidos disponibles en esa máquina, un ordenador maravilloso que sigue siendo utilizado en todo el mundo.

Pocos ordenadores ostentan el honor de haber revolucionado un mundo tan competitivo e innovador como es el de la informática. El Commodore Amiga, que este mes cumple 25 años, es uno de ellos. Quienes alguna vez usaron uno de estos ordenadores difícilmente hayan olvidado la experiencia. Lanzado al mercado en 1985, su configuración básica incluía un microprocesador Motorola 68000 de 32 bits corriendo a 7MHz, con 512KB de memoria RAM (ampliables hasta 8MB) y la capacidad de mostrar imágenes de hasta 32 colores seleccionados de una paleta de 4096. Hoy no parece demasiado, pero hay que recordar que el PC de IBM, el ordenador estrella de aquellos años utilizaba un microprocesador Intel 8086 de 16 bits a 4.77MHz, con 64KB de RAM (ampliables a 256KB). El recientemente lanzado Apple Macintosh utilizaba el mismo micro que el Amiga, pero solo contaba con 128KB de RAM. Al analizar las diferencias existentes entre el hardware de uno y otro ordenador queda de manifiesto la superioridad del ordenador de Commodore frente al IBM PC. Pero las diferencias no terminaban ahí: el software del Amiga también era muy superior.

Amiga 500, el segundo modelo en aparecer, y el más pequeño de la serie.

Mientras que el 90% de los usuarios de IBM se contentaban con un sistema operativo monotarea basado en texto monocromático -el famoso DOS de Microsoft- los afortunados poseedores de un Amiga disfrutaban de un entorno completamente gráfico, en colores y capaz de manejar varias aplicaciones simultaneas gracias a un sistema de multitarea preemptiva.  Otros ordenadores, como el de Apple, también multitarea, pero ésta  estaba implementada de una forma más rudimentaria. Los usuarios de IMB conocieron las mieles de la multitarea 6 años más tarde, gracias a Linux, o -más tarde aún- en 1993 con la aparición del Windows NT. Pero ¿cómo fue que Commodore, famosa por una pequeña “home computer” como la C64, logro comercializar semejante ordenador?

La historia del Amiga comienza en una empresa de Los Gatos, California, llamada Hi Toro. La leyenda cuenta que esta empresa, dirigida por Dave Morse, estaba financiada por un grupo de dentistas de Austin, Texas, y tenia como objetivo construir una máquina que revolucionase el mercado de los videojuegos, en auge por aquel entonces, con un equipo que fuese el mejor, el videojuego definitivo.  Morse, a la hora de elegir al encargado de dirigir el equipo de trabajo, de dejo seducir por los antecedentes de Jay Miner, un ingeniero especializado en el diseño de chips “a medida” que entre otras máquinas había diseñado una videoconsola sumamente exitosa como la Atari 2600 y un ordenador doméstico como el Atari 800. La empresa Atari había despedido a Miner a raíz de diferencias surgidas cuando este comenzó a insistir en el desarrollo de un ordenador de 16 bits, mientras que Atari consideraba que los 8 bits de sus equipos eran más que suficientes para sus usuarios.

En pocos meses quedó conformado un equipo de trabajo, y bajo la dirección de Miner comenzaron a delinear lo que sería una máquina de juegos basada en los chips más poderosos de la época. El desarrollo del hardware quedó en manos del propio Miner y Ron Nicholson, mientras que R. J. Mical, Carl Sassenrath, Dale Luck y Jim Goodnow se encargarían del software. La complejidad del proyecto era muy grande, y debieron incorporar varios ingenieros más a lo largo de los meses siguientes. Más o menos por esa época los inversionistas cambiaron el nombre de la empresa a “Amiga”. Algunos insisten en repetir que este nombre se eligió simplemente por quedar alfabéticamente antes que “Apple” y “Atari”, las dos empresas más exitosas del sector, pero lo cierto es que no hay pruebas concretas de que esto haya sido así. Como fuese, “Amiga” nació en un momento en que el mercado de las consolas de videojuegos comenzaba a reducirse enormemente, en gran parte “culpa” de los ordenadores hogareños que tenían gráficos y sonidos tan o más buenos que los de estas, y permitían hacer varias tareas además de jugar.

Los poseedores de un Amiga disfrutaban de un entorno completamente gráfico.

El grupo de dentistas que ponía el dinero para que la consola de Amiga viese la luz comenzó a preocuparse. El tiempo pasaba, y la maquina no estaba ni cerca de quedar lista, por lo que se decidió reformar el proyecto para que en lugar de ser una máquina de videojuegos fuese un ordenador. El proyecto recibió el nombre clave “Lorraine“, que era casualmente (o no)  era el nombre de la mujer del presidente de la empresa. Los rumores sobre un “súper ordenador revolucionario” comenzaron a circular entre los usuarios -seguramente impulsados por los responsables del proyecto- pero lo cierto es que todavía faltaba bastante para que dicha máquina estuviese lista. A fines de 1983 quedaron listos los esquemas de los chips diseñados para el ordenador, que serian los responsables de proporcionarle las extraordinarias capacidades en cuanto a sonido y vídeo. Los ingenieros se comprometieron a tener listo un prototipo para que fuese presentado durante el Consumer Electronics Show (CES) que se celebraría en Las Vegas en enero del año siguiente. Llevaban gastados unos 7 millones de dólares, y todavía nadie había visto la máquina funcionando.

Los meses previos al CES fueron sumamente estresantes para los responsables del proyecto. Se dice que trabajaron durante la navidad de 1983 para terminar de escribir el sistema operativo y hacer funcionar los “chips”, que en esa etapa del desarrollo no eran todavía una pieza de silicio sino tres grupos de ocho placas de circuito impreso llenas de componentes y cables. Estos chips, una vez finalizados, serian llamados Agnus, Daphne y Portia. Con todo listo, Miner y sus colaboradores se subieron al avión que los llevaría a Las Vegas. El prototipo viajaba en un asiento, ya que no se animaron a “despacharlo” como equipaje. El ordenador no tenia aún un nombre, pero como en el pasaje debía figurar un nombre, se lo bautizó como “Joe Pillow” (Pepe Almohada), que hoy se considera el primer nombre del Amiga. Ya instalados en el hotel, pasaron las horas previas al inicio del CES prácticamente sin dormir, eliminado los últimos “bugs” del hardware y del software. Obviamente, el aspecto del prototipo no era el adecuado para ser presentado en las salas de la exposición, así que se limitaron a contactar e invitar a algunas personas importantes de la industria para que viesen el ordenador en la habitación. Los comentarios que despertó esta exhibición les dio seguridad de que la máquina sería un éxito y que recuperarían el dinero invertido. En junio de ese año tuvo lugar el CES de Chicago, y el equipo de Amiga presentó un modelo que reemplazaba las placas de componentes por los chips definitivos. Las imágenes que desplegaba en su monitor eran tan impactantes, que muchos asistentes levantaban los manteles de la mesa sobre la que estaba apoyado el ordenador buscando el gigantesco ordenador que -suponían- hacia falta para generarlas.

Lamentablemente, el esfuerzo económico que había representado el desarrollo del ordenador dejó a Amiga Inc. en una situación prácticamente insostenible. Comenzaron a buscar alguna empresa que estuviese dispuesta a comprarlas, para poder comenzar a fabricar y vender el ordenador y que los responsables de semejante proyecto no quedasen desempleados. Se hicieron contactos -formales e informales- con empresas de la talla de  Sony,  Apple, Hewlett Packard, Philips, Silicon Graphics y Atari, que acababa de ser comprada por el fundador de Commodore, Jack Tramiel, que quería hacerse con Amiga para poder vencer a Commodore. Las negociaciones fueron durísimas,  y en un giro inesperado Amiga Inc. fue vendida a Commodore, que ofreció cuatro dólares por acción mientras que Tramiel no había llegado ni a la mitad de ese importe. Con los recursos de una gran empresa,  el 23 de junio de 1985 el ordenador, bautizado oficialmente como “Amiga 1000”, fue presentado en el Lincoln Center de Nueva York bajo el lema “¡Sólo el Amiga lo hace posible!“. Artistas como Andy Warhol, B.B.King o Arthur C. Clarke comenzaron a utilizar el ordenador para desarrollar sus obras, y antes del fin de ese año apareció la primer revista especialmente dedicada al Amiga, la posteriormente famosa “Amiga World“.

Commodore Amiga 1000, basado en el Motorola 68000.

25 años han pasado desde que tuvieron lugar estos hechos, y la industria informática aún celebra la aparición del Commodore Amiga, un ordenador para el que se escribieron programas como el “Deluxe Paint” (de Electronics Arts) o desarrollaron formatos de archivos como el “IFF”, que aún hoy se utilizan. Todavía es posible comprar un Amiga (usado) en los sitios de ventas online. No son baratos, pero su costo realmente vale la pena. Una verdadera legión de fanáticos de esta máquina siguen utilizándolas, escribiendo artículos  y -sobre todo- jugando con ella. ¡Feliz cumpleaños, Amiga!

Escrito por Ariel Palazzesi

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