Domos inflables contra bombas nucleares

A pesar del fin de la guerra fría, la posibilidad de un ataque nuclear sobre una ciudad no ha desaparecido. Muchos gobiernos conservan grandes cantidades de cabezas nucleares, y la posibilidad de que una organización terrorista sea capaz de hacerse de una ojiva nuclear ya no pertenece solamente al ámbito de las novelas. ¿Cómo podemos defendernos?

Frente a un ataque nuclear, no hay mucho por hacer. Apelar al instinto básico de conservación y salir corriendo difícilmente sirva de nada: el radio de acción de estas armas hace que, aún encontrándose a una distancia importante del punto de impacto, los efectos sean devastadores.

Es cierto, existen al menos dos modelos de misiles defensivos que, lanzados a tiempo (y suponiendo que tengamos la suerte de vivir en alguna de las poquísimas ciudades que cuentan con ellos) pueden interceptar y destruir un vector nuclear, manteniendo a los habitantes a salvo. También puedes esconderte en algún tipo de refugio, y confiar en la suerte.

AB-Dome, el domo inflable

Sin embargo, en el futuro esto podría cambiar. Todos estaríamos a salvo de un ataque con misiles nucleares. Alexander Bolonkin ha presentado un “paper” de 31 páginas en el que explica como un domo de plástico, de menos de un milímetro de espesor, cubriendo las ciudades a una altura de varios kilómetros y sosteniendo 4 o 5 guijarros por metro cuadrado, bastaría para resguardarnos. Suena increíble, pero parece ser viable detener misiles con guijarros.

domo

Bolonkin sostiene que los sistemas de defensa actuales son extremadamente caros, requieren de una tecnología de punta que no está disponible en la totalidad de los piases que están expuestos a estos ataques, y no son completamente infalibles. A lo largo de su trabajo hace una recorrido por los sistemas de defensa disponibles y, lógicamente, explica con detalle como funcionaría y cuales serian las ventajas del sistema que él propone.

El AB-Dome (tal el nombre que ha recibido el proyecto) consiste en una fina película muy transparente, que con forma de cúpula cubre por completo a la ciudad. Tiene un espesor de entre 0,05 y  0,3 mm, y se encuentra a una altura de 5 a 20 km. Se sostiene gracias a la presión de aire producida mediante una serie de ventiladores ubicados sobre el terreno y que proporcionan una presión de aire ligeramente mayor a la presión atmosférica. Como puede verse en la figura anterior, una serie de cables mantienen la película transparente en su sitio. Una segunda película puede suspenderse uno kilómetros por debajo de la primera su fuese necesario.

En principio podría pensarse que mantener inflado un domo de semejante tamaño requeriría de enormes ventiladores y una presión tal que vivir dentro de el sería una experiencia poco recomendable. Sin embargo, Bolonkin proporciona todos los cálculos necesarios para demostrarnos que es perfectamente viable. Analicémoslos.

¿Es factible?

En primer lugar, tenemos que saber que incluso una pequeña presión interna puede crear una fuerza significativa sobre el domo. Un incremento de solo 0.01 atmósferas proporciona una fuerza de hasta 100Kg/m2. Esto se debe a que cuanto mayor sea la altura del domo (debido a que la presión atmosférica desciende con la altura), mayor será la fuerza que el aire del interior ejerza sobre la película que lo conforma.

El peso de la película utilizada, basada en Kevlar, es de solo unos 300 gramos por metro cuadrado, lo que daría la posibilidad de que podamos colocar entre 10 y 30 kilogramos de “carga útil” sobre ella. Bolonkin propone “sembrar” guijarros de unos 500 gramos, separados por unos 50 centímetros unos de otros sobre todo el domo.

Seguramente te preguntarás para que querríamos tener millones de guijarros sostenidos por una delgada lámina plástica, 10 o 15 kilómetros sobre nuestras cabezas. La respuesta es simple: ellos son los que nos evitarían ser aniquilados por un misil equipado con ojivas nucleares. Guijarros contra armas nucleares, en una versión moderna de la pelea de David contra Goliat.

El secreto del éxito es la altísima velocidad con la que viajan estos misiles. Típicamente, se desplazan a velocidades comprendidas entre 3 y kilómetros por segundo (unos 10.000km/hora). A esa velocidad, el impacto de un objeto de medio kilo de peso puede liberar una energía de 8 millones de Joules, lo que equivale a unos 3 kilos de explosivos. Esto bastaría para destruir el misil lejos de la ciudad. Dado que la sección del misil es superior al metro cuadrado, la distribución propuesta para los guijarros hace imposible que pueda atravesar la defensa sin ser golpeado.

Siempre según los dichos y los cálculos de Bolonkin, los efectos de una detonación nuclear están muy relacionados con la altura a la que ocurre. El mayor efecto se da con una detonación a unos 50 a 500 metros de altura. De producirse varios kilómetros mas arriba, sus efectos serian miles de veces mas leves. Pero lo mejor del caso es que una bomba atómica difícilmente detone como fruto del impacto contra un guijarro, por lo que hay una muy buena posibilidad de que luego de ser golpeada, caiga sin causar prácticamente daño alguno.

Bolonkin hace también un análisis (muy completo) sobre las implicancias de vivir con un domo así sobre la cabeza. Podría, dice, utilizarse incluso como una forma de controlar el clima dentro de él, creando un hábitat con temperaturas diferentes a las exteriores. También se refiere a la interacción entre el domo y los aviones, que pasarían sobre el sin problemas.

Evidentemente se trata de un proyecto que podría realizarse solo dentro de varias décadas, y no te protegeria de los accidentes internos. Personalmente, solo iría a vivir debajo de él una vez que este bien probado y que tenga la garantía que no caerá sobre mi cabeza una lluvia piedras de medio kilo de peso debido a algún error de cálculo.

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Ariel Palazzesi

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