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El arte de reutilizar hardware

A todos nos gusta comprar nuevas piezas, conectarlas a todas y sentir que se ha cumplido una misión al observar cómo un nuevo sistema vuela frente a nuestros ojos. Pero si hemos sentido exactamente eso con nuestro ordenador actual, ¿por qué no hacerlo de nuevo? Inyectar nueva vida a nuestro sistema no requiere tanto como muchos pueden imaginar. Si bien las actualizaciones de hardware y los cambios en el software pueden caer dentro de la ecuación, lo cierto es que lo que más se necesita para reutilizar hardware es el tiempo para planear y llevar adelante un proyecto de estas características.

El simple hecho de que escriba estas líneas en un Intel Celeron de 2 Ghz con zócalo 478 prueba con exactitud el objetivo principal de este artículo. Este Celeron estaba con su placa madre juntando polvo en un rincón, malherido después de un sobrecalentamiento y media docena de capacitores volados. Ahora, reproduce DVDs, música, e incluso cubre mi ocasional necesidad como procesador de texto. Estamos convencidos de que muchos de nuestros lectores aquí en NeoTeo se encuentran en una situación similar, pero mientras algunos aún pueden aprovechar a su ordenador como si fuera el primer día, otros ya están considerando, o incluso tildando de crítica, la necesidad de un cambio de sistema.

Tal y como mencionamos en la introducción, la sensación de comprar nuevo hardware, quitarle su embalaje y proceder a su instalación, es extraordinaria. Aquellos que tienen la habilidad de armar el equipo con sus propias manos cuentan con ese “extra” presente en otras tantas profesiones, pero el comprarlo y verlo funcionando representa un logro más que importante, no sólo en lo económico, sino también en lo personal. Un ordenador es un bien que tendrá cierta duración, y que deberá entregar las prestaciones suficientes para que justifiquen su inversión inicial.

Sólo un poco de tiempo y algunas piezas de hardware. El resto, es la mejor parte.

Y aquí me quedo con una palabra que sobresale por encima de las demás: “Duración”. ¿Qué tanto dura un ordenador? ¿Qué tanto debe durar un ordenador? O mejor dicho: ¿Qué tanto queremos que dure un ordenador? Esta trilogía del “puede, debe, quiere” se puede aplicar a infinidad de cosas. El primer ejemplo que me viene a la mente son los coches. ¿Por qué hay tantos expertos y aficionados allí afuera que, en vez de adquirir un coche nuevo, prefieren restaurar uno con algunos años encima? También imagino muebles, ya que una mezcla correcta entre tiempo, papel de lija y un poco de barniz hace maravillas. Entonces, ¿qué impide que esto suceda con nuestros ordenadores? Absolutamente nada.

Reciclar o revalorizar un ordenador primero necesita de algo elemental, y eso somos nosotros. Comprendemos a la perfección que el tiempo libre es algo sagrado, y puede que no todos estén dispuestos a consumirlo “ajustando las tuercas” de un ordenador que tiene media década de edad o más. Pero lo que puedo decir en defensa de esto, como persona que quedó expuesta a ordenadores a los once años (sembrando el caos y la locura en las almas de mis padres), es que vale la pena. El ahorro de dinero es circunstancial: Está allí, pero no es lo principal. Lo hacemos por el logro en sí, por saber que un dispositivo como un ordenador está funcionando correctamente, y no lo negaremos, hay una pizca de placebo también, pero sólo una pizca, no sea cosa que caigamos en el vicio.

No importa si es un clon o un sistema de marca, ¡conócelo! Cada pequeño detalle puede ser muy valioso

Primero: ¿Qué hardware tienes?

Un señor que sabía mucho de guerra escribió hace algunos miles de años la frase: “Conoce a tu enemigo”. Bueno, si la idea es jugar un poco con las tripas de nuestro ordenador, mejor aprender un poco de anatomía. No hablamos de tomar un viejo manual del estilo “Informática para todos” y comenzar a leer sobre qué es el lenguaje binario o un bus ISA. Hablamos de saber qué ordenador tenemos. No importa si es un clon armado o un sistema de marca, el proceso es el mismo.

Existe una gran cantidad de programas gratuitos que reportan con un excelente nivel de precisión diferentes aspectos de nuestro sistema como el procesador, el tipo y cantidad de memoria RAM instalada, qué clase de disco o discos duros están presentes, o la clase de vídeo con la que se cuenta. Conocer el hardware es importante debido a que hace más fácil cualquier decisión que debamos tomar con respecto al software. Y la deberemos tomar, de eso no hay dudas.

Una buena selección de software es parte vital de nuestro proceso de reciclado, pero ya hablaremos de eso más adelante. En lo que se refiere a programas de identificación, CPU-Z y GPU-Z son fabulosos para CPU y vídeo respectivamente. Para el resto del hardware, es posible descargar una copia de Everest, Sandra, PC Wizard o el reciente Speccy. En cuanto al resto, una inspección visual combinada con una búsuqeda en Google logrará el efecto deseado.

CPU-Z es excelente para identificar procesadores

Segundo: ¡Limpieza!

Al principio comenté que este Celeron había tenido un problema de recalentamiento. Por un lado, su ubicación era pésima (estaba instalado en una supuesta “mesa de computación” en un rincón, con casi todas sus vías de ventilación bloqueadas), y por el otro, la cantidad de polvo en su interior era significativa. En general, el polvo no debería causar tantos problemas si no fuera porque se trata de un desgraciado que traba ventiladores, bloquea ranuras, ensucia toberas, y contribuye al exceso de temperatura general que puede afectar a un sistema. Ya hemos visto de cerca los horrores de la suciedad en el interior de las carcasas, pero también hemos visto cómo se debe llevar a cabo una limpieza meticulosa de todo el hardware. Condiciones correctas de operación aumentan la durabilidad de, bueno, prácticamente todo lo que hay, y los ordenadores no son la excepción. No vamos a negarlo: Toma tiempo, y en la gran mayoría de los casos hay que ensuciarse, pero nuestras madres/abuelas/novias/esposas se enfrentan a este dilema en una casa de forma periódica, y sobreviven al proceso. Hay que mantener limpio al ordenador, y no perderemos las uñas por ello.

Ordenador sucio = Mala, mala idea

Tercero: ¿Actualizar o no?

La velocidad con la que el hardware mejora en cada generación no está en discusión aquí. Es algo impresionante, y todo nuevo sistema encuentra la forma de dejar en ridículo al que reemplazó, aunque sabemos que hay excepciones allí afuera. Sin embargo, algo que los ordenadores han conservado e incluso mejorado es su capacidad de actualización. Hoy es posible bajar una palanca y reemplazar un procesador, y lo mismo es verdad para un sistema anterior, y para el sistema anterior a ese. Entonces, un punto muy importante a considerar antes de comprar todo un nuevo sistema es qué posibilidades hay de actualizar el que ya tenemos. Es verdad que algunos zócalos y ciertas ranuras han sido dejadas de lado por sus fabricantes, pero eso no quiere decir que ya no haya más hardware disponible.

Para sorpresa de muchos, todavía hay tarjetas AGP y memorias DDR1. También hay procesadores que son superiores pero que conservan el mismo tipo de conexión. Algunos podrán decir que el precio de ciertas piezas es tan elevado como el del hardware nuevo, y tendrán razón, pero la diferencia entre comprar solamente un procesador o sólo un módulo de memoria y cambiar a un sistema entero, puede ser importante. Además, la cacería de este tipo de hardware le agrega un sabor extra a todo el proceso de reciclado. De aquí la importancia de conocer bien al hardware que poseemos. Determinar qué posibilidades de expansión existen pueden hacer la diferencia entre reciclar eficientemente o comenzar todo desde cero.

El fabricante dará detalles específicos como el máximo procesador instalable, y la versión de BIOS necesaria

Cuarto: Elegir software con precisión

Probablemente esta sea la parte más delicada de todo este artículo. Limpiar la carcasa puede ser entretenido, al igual que cambiar un módulo o dos de memoria, ¿pero a quién le gusta cambiar todo el software? Comprendemos la aberración a la idea, pero es un paso necesario ya que la elección del software es lo que determinará el rendimiento final de nuestro sistema. Este Celeron en el que escribo tiene más de 1 GB de RAM y 2 Ghz de reloj. En teoría Windows 7 debería funcionar aquí, pero escogí mantener a Windows XP, más allá de su antiguedad. En lo personal sigo pensando que cualquiera que posea Windows XP debería considerar la posibilidad de dar el salto a Windows 7, pero sería un hipócrita si negara que Windows XP es una de las plataformas más compatibles en existencia, sin mencionar detalles como que todavía es el sistema operativo más utilizado en el planeta.

Está en camino de cumplir nueve años, pero la problemática sobre la edad de Windows XP se hará mucho más tangible cuando se acerque al final de su soporte extendido, fecha ubicada en abril de 2014 para versiones con Service Pack 3. Algunos programas muy específicos han dejado de funcionar, y limitaciones de hardware como la detección de 4 GB sólo puede ser solucionada por versiones de 64 bits, pero a Windows XP todavía le queda mucha energía en su interior. Por supuesto, en aquellos casos en los que el hardware tiene ciertos años, Linux se convierte en estrella. La detección de hardware moderno es uno de los puntos que las distros de Linux todavía deben vencer, pero si se trata de hardware ya conocido en el mercado, la historia es diferente. Sé que las experiencias de muchos usuarios han sido variadas, desde una perfecta armonía hasta batallas encarnizadas contra ndiswrapper para hacer funcionar a un módem USB. Sin embargo, lo que se necesita es tener una experiencia propia, saber si lo que tendremos bajo nuestros pies es césped o aceite hirviendo. La idea tampoco es comenzar a compilar controladores, pero no deberías quedarte con la duda.

Como si fuera poco, Linux también es una opción a considerar incluso entre antiguos sistemas Mac. Un conocido logró acceso a una bella torre Power Mac G4 con procesador PowerPC en su interior, pero protestaba debido a que no podría instalar Snow Leopard y estaría obligado a “quedarse estancado” con Tiger o Leopard. Fue una obligación hacerle recordar que hay muchas distros de Linux compatibles con PowerPC, comenzando con Debian y Ubuntu. Puede que en el caso de Ubuntu no sea un build directamente disponible desde la página oficial, pero he visto en muchos foros que usuarios con sistemas G3 y G4 han insuflado nueva vida a sus Macs adoptando una distro Linux compatible con PowerPC.

Además, utilizar Tiger o Leopard no tiene nada de malo. La última actualización de Tiger fue en septiembre de 2009, mientras que la de Leopard fue en abril pasado, elevándolo a 10.5.8. Y volviendo a Windows, no lo olvides: Casi siempre habrá una versión alternativa más liviana de lo que solías usar. Algunos reemplazos son más complicados que otros, pero todos son posibles, y no descartes a las aplicaciones en línea. En lo personal, ya no recuerdo cuándo fue la última vez que utilicé a Word desde que existe Google Docs, aunque espero con ansias la versión en línea de Office 2010.

Incluso sistemas Mac pueden tener más tiempo de uso con una elección adecuada de software

En resumen, la reutilización de hardware tiene un potencial enorme. Una limpieza integral tanto a nivel físico como lógico puede lograr excelentes resultados. Una inversión más reducida que la necesaria en el recambio entero de un sistema también puede dar en el clavo. Y todo comienza con dos cosas: Tiempo e información. Lo primero depende de cada uno. Lo segundo está disponible en abundancia, gracias a la red de redes. Por más que se tengan los manuales originales, conocer detalles como el soporte máximo de procesador o memoria tienen un valor muy grande, y esa clase de datos sólo suelen estar disponibles en las páginas oficiales de los fabricantes, al igual que las últimas ediciones de los manuales en formato PDF. Consulta, averigua, infórmate. Tal vez tu ordenador tiene mucho más para dar, y aún no estás enterado de ello.

Escrito por Lisandro Pardo

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