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GROVER: El robot de la NASA para explorar Groenlandia

A pesar de que los robots suelen ser mencionados como potenciales herramientas en situaciones al estilo de catástrofes y accidentes, existen regiones cuyas condiciones naturales son tan extremas que podrían llevar al límite la resistencia y la capacidad operativa de cualquier robot. Una de esas regiones es la capa de hielo de Groenlandia, y para su exploración, varios equipos de estudiantes estacionados en el Centro Goddard de la NASA desarrollaron al robot GROVER, todo un “tanque” de más de 350 kilogramos, destinado a analizar el estado de la capa de hielo.

En julio del año pasado, la NASA informó sobre un derretimiento masivo de la capa de hielo de Groenlandia. Aproximadamente el 97 por ciento de su superficie se vio afectada en apenas cuatro días, cuando usualmente está más cerca del 50 por ciento. El cambio fue tan brusco que al principio se pensó en una falla en el proceso de recolección de datos, pero se trata de un evento que se repite cada 150 años, por lo que el derretimiento era dentro de todo esperado. Sin embargo, sería algo preocupante si llegara a repetirse en un ciclo mucho más corto. Uno de los objetivos de la NASA es estudiar esta nueva “cubierta” que se formó sobre la capa de hielo luego del derretimiento, y la idea es hacerlo de una manera más eficiente y menos costosa que los vuelos programados, las lecturas por satélite y los trabajos “en el campo”.

La solución llega a través de GROVER, siglas para “Goddard Remotely Operated Vehicle for Exploration and Research”. Se trata de un robot con forma de tanque, que tiene un peso de 362 kilogramos. Está equipado con dos paneles solares, un georradar, un ordenador y las baterías recargables suficientes para mantenerlo en funcionamiento, mientras que su sistema de desplazamiento fue reciclado de una motonieve. El desarrollo estuvo a cargo de varios grupos de estudiantes estacionados en el Centro Goddard de la NASA, con la ayuda de la glacióloga Lora Koenig, quien estableció algunos parámetros en el diseño, como la autonomía del robot y la posibilidad de integrar el georradar.

El beneficio principal que aporta GROVER está en su capacidad de recolectar más datos que un humano durante un tiempo más prolongado. Tal y como lo explica Koenig en el vídeo, un viaje de entre 50 y 75 kilómetros diarios para un científico es particularmente difícil y agotador, mientras que el GROVER, si bien es más lento al desplazarse (dos kilómetros por hora), puede obtener información durante todo el día, enfrentando a los elementos sin mayores problemas. El robot también aprovecha el hecho de que el sol nunca cae en el verano ártico, permitiéndole extender aún más su autonomía. Su período de prueba comenzó el viernes pasado, y se extenderá hasta junio, operando inicialmente dentro de un rango de cinco kilómetros.

Escrito por Lisandro Pardo

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