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Un hombre jugó por 73 horas sin parar. ¿Qué le pasó a su cuerpo?

Por lo que más quieras, haz una pausa de vez en cuando…

Muerte por videojuegos

Todos hemos pasado más tiempo frente a la pantalla del que deberíamos, ya sea trabajando o disfrutando de una amplia sesión de videojuegos. Sin embargo, para algunas personas se convierten en una adicción, con riesgos de salud muy grandes. Uno de los casos más extremos fue explorado por Chubbyemu en su canal, y se basa en la historia de un joven de 25 años que llegó muerto al hospital después de haber jugado por 73 horas sin detenerse. ¿Qué le sucedió exactamente?

Piénsalo por un momento: ¿Cuál fue tu maratón de videojuegos más larga? En lo personal, creo que nueve o diez horas (con varias pausas), y después de eso no servía absolutamente para nada. Tal vez el impacto no se sienta tanto con la adrenalina, la acción y la tensión en la pantalla, pero una vez que todo ese estímulo se interrumpe, el cuerpo es un concierto de quejas y dolores.

Ahora, imagina una situación aún más extrema y desproporcionada. Un joven de 25 años, buena salud, estudios completos. Perdió su trabajo como muchos otros, pero quería ser un streamer de videojuegos. Sus primeros intentos fueron un fracaso, dejó de buscar trabajo, y su madre lo echó de la casa por eso. El cibercafé local se convirtió en su nuevo espacio, donde básicamente vivía y dormía, colapsado frente al ordenador. Un fin de semana, pasó 73 horas seguidas jugando, apenas comiendo y bebiendo. Ni siquiera se levantó para ir al baño. Apenas trató de ponerse de pie, colapsó. Pasó 30 minutos en el suelo del café ignorado, hasta que alguien llamó a emergencias…



El proceso de resucitación comenzó en la ambulancia, y un rápido ultrasonido en el hospital reveló que el lado derecho de su corazón estaba hinchado, casi deformado. Los médicos determinan que se trata de un embolismo pulmonar masivo y agudo, producto de una obstrucción en la arteria pulmonar. El resto de sus órganos comenzaron a «apagarse» al no recibir oxígeno. El cuadro general era agudo por su principio definido, y por la ausencia de condiciones médicas previas más allá de jugar por 73 horas.

Ahora, extender una actividad por más de 70 horas sin pausa es muy peligroso, pero permanecer sentado por más de 70 horas es letal. La razón es la estasis venosa o venoestasis, una drástica reducción en la velocidad de circulación de sangre en las venas, especialmente de las piernas. Estar sentado comprime las venas, y con una circulación tan baja, la formación de un coágulo lleva a la llamada trombosis venosa profunda.

El coágulo permaneció en sus piernas hasta que se levantó de la silla, y viajó a la arteria pulmonar, donde quedó atrapado. El aumento del volumen y la presión en el lado derecho del corazón afecto al izquierdo, provocando insuficiencia cardíaca. La distribución de oxígeno en el cuerpo se cayó a pedazos, y los órganos comenzaron a morir.



Cuando lo encontraron en el café, los paramédicos indicaron que el joven aún luchaba por respirar como resultado de la hipoxemia, una disminución de la presión parcial de oxígeno en la sangre arterial. Y con apenas unos minutos de diferencia, eso instalaba una posibilidad de traerlo de regreso. Remota, compleja, pero una posibilidad al fin. Ni la cirugía ni la intervención con un catéter eran opciones válidas debido al tiempo. ¿Su única opción? Un tratamiento fibrinolítico inmediato con una dosis masiva de antitrombóticos, al mismo tiempo que continuaban los intentos de resucitación.

La buena noticia después de algunos minutos de lucha era que el joven gamer había recuperardo el pulso. La mala era que seguía inconsciente, y no respondía a estímulos externos. El daño anóxico-isquémico cerebral era permanente. El joven sufrió cuadros de neumonía, y una sepsis durante su internación en terapia intensiva. Una marcada disminución en la salida de orina y altos niveles de transaminasas indicaron daño en los riñones y el hígado. Su autopsia reveló un daño muy amplio en el área parietal-temporal-occipital de la corteza cerebral, lesiones en el cerebelo, y pérdidas en los núcleos talámicos. Era demasiado tarde.



Escrito por Lisandro Pardo

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