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Los videojuegos, las redes sociales y tu cerebro

Siempre que los jóvenes encuentran algo que les gusta hacer y disfrutan el acto de hacerlo, la gente mayor tiene la rara habilidad de encontrar siempre una excusa para interrumpir, en algunas ocasiones de manera abrupta, el momento de gozo o disfrute que fuese, aunque no entiendan muy bien de qué se trata. Estar sentado frente al ordenador o disfrutar de un apasionante juego en una moderna consola son algunas de las cosas que te dejan hacer, pero según los tiempos que ellos crean convenientes, según sus criterios, creencias y estimaciones acerca de lo que es bueno para tu salud física y mental. Los mismos que en su juventud se olvidaban de asearse o demoraban sus necesidades fisiológicas por una buena batalla o una súper carrera (en 8 bits) hoy te indican qué es bueno y qué es malo acerca de una sobre-exposición a la pantalla. ¿Te sucede a menudo esto?

Los interrogantes son muy claros y sencillos al momento de intentar entender el comportamiento de algunos mayores. ¿Qué sentido puede tener que te compren una PS3, una Wii o una X-Box 360 si luego no te dejan disfrutar de ella? Como ya es habitual en el mundo de las neurociencias, las recomendaciones de los profesionales de la salud no siempre van en un mismo sentido y, de manera habitual, suelen transitar caminos diametralmente opuestos. En este ámbito, encontramos científicos con una amplia trayectoria y renombre, como la baronesa Susan Greenfield, neurocientífica y directora del Royal Institution of Great Britain, quien expresa con suma preocupación la creciente cantidad de tiempo que los jóvenes pasan frente a una pantalla de ordenador o de una consola de juegos.

“Las nuevas tecnologías son demasiado invasivas y penetrantes como nunca antes había sucedido”. Entre los ejemplos que cita, argumenta que otros hitos tecnológicos que cambiaron el destino de la humanidad no resultaron ser tan absorbentes como lo es Internet y los videojuegos. “La invención de la luz eléctrica, la imprenta, la radio y hasta la televisión misma no llevaron a las jóvenes generaciones de aquellas épocas a un fanatismo semejante al que estamos siendo testigos hoy”. Afirma, además, que la interacción solitaria con la tecnología moderna está cambiando la forma en que nuestro cerebro funciona, llevándonos a un desapego o alejamiento emocional del mundo y el entorno que nos rodea. La vida se presenta como una sucesión de tareas que hay que completar de inmediato (en el menor tiempo posible) y la base de toda actividad dentro del mundo de los videojuegos se sustenta en vencer, dominar, matar, descuartizar, aplastar y algunas otras actividades muy diferentes a las que utilizaron los niños para crecer y educarse durante milenios.

Hoy todo es ya, todo es ahora y a la velocidad que impone la tecnología. En la práctica, Susan Greenfield teme que el juego intenso y el excesivo uso de la tecnología informática nos lleven hacia una generación “emocionalmente atrofiada, con adultos hedonistas de muy pobre capacidad de atención que no sepan distinguir entre un ataque de zombies y una reprimenda de nuestra abuela”. La velocidad de los juegos, asegura Greenfield, arrastra a los jóvenes a abandonar las necesidades elementales de analizar, teorizar, evaluar y hasta disfrutar una tarea. De hecho, menciona a Facebook y Twitter, entre otras redes sociales, como instrumentos que fomentan la gratificación instantánea, acortan de manera notable los períodos en que la mente debe prestar atención sobre cualquier forma de razonamiento y asegura que esto está provocando cambios alarmantes en los cerebros de los usuarios jóvenes. Por supuesto que las advertencias de esta científica no servirán como muro de contención a las millones de vidas sociales que necesitan iniciar sesión en su red social cada día, incluso antes de desayunar o terminar de abrir los ojos.

Ahora cambiemos los roles.
¿Qué significa esto? Tratar de entender lo incomprensible. Los mismos que por un lado te advierten que tu vida será un desastre irreversible si continúas utilizando tu consola de video o tu ordenador, te alientan a utilizar paquetes de software educativos con puzzles (rompecabezas para armar), tareas para completar con ingenio y habilidad mental tratando siempre de estimular toda tu materia gris. La pregunta que todos nos hacemos es la misma: ¿Cómo puede una persona insinuar que las actividades que a ti y a tus amigos les apasionan son malas y por otro lado imponer la utilización de programas basados en ejercicios para el cerebro? Por supuesto, utilizando el mismo ordenador o consola que hasta hace unos párrafos atrás eran instrumentos diabólicos que solo tienen por objeto idiotizar tu vida. "Hay evidencias muy concretas de que la adecuada estimulación de las células del cerebro favorece el inicio de ramificaciones y formaciones de nuevas conexiones con otras células", dijo Greenfield.

¿Estudias menos, lees menos o crees que aprendes menos si pasas más horas frente al ordenador? Por otro lado, tu actividad en las redes sociales, en Internet o en los videojuegos de última generación, ¿crees que es una imposición de la sociedad y lo haces para no sentirte excluido o es lo que en verdad sientes? ¿Crees que te aleja de una actividad social de encuentros, mucho más recreativa y deportiva como tus padres desearían que tuvieras?

Lo cierto es que ya casi nadie inicia sus tareas abriendo un cuaderno y tomando sus lápices, hoy abren el procesador de texto. Los mapas cartográficos ya no son grandes láminas imposibles de abrir en una mesa de tamaño familiar. Hoy Google Earth o un GPS resuelven la ruta de viaje en una fracción de segundos. Algo muy coherente y acertado sería enterarse que hay cosas que no se pueden detener, que traen una fuerza arrolladora que sólo los necios pueden ignorar, defenestrar o demonizar. Esgrimir teorías inciertas sobre las capacidades mentales de las futuras generaciones y prejuzgar los actos de aquello que nosotros mismos hemos creado, no parece ser el camino más acertado. Asesinos y delincuentes existieron desde el comienzo de los tiempos y las estadísticas demuestran que los índices no se han alterado por culpa de los videojuegos.

Escrito por Mario

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