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Podríamos vivir 400 años sin envejecer

La fuente de la juventud o el elixir de la vida eterna; las ansias que siempre rondan el deseo humano de perdurar, de conservarse. Una ilusión que podría ser más real de lo que nuestras fantasías se animan a imaginar.

Cynthia Kenyon, bioquímica en la Universidad de California, descubrió un gen regulador (llamado daf-2) que parece controlar una combinación de genes que tiene influencia sobre el envejecimiento. Si bien las pruebas se llevaron a cabo en unos gusanos pequeños llamados Caenorhabditis, la organización genética de estos organismos es similar en moscas, ratones y posiblemente en humanos. Lo verdaderamente llamativo del descubrimiento de Kenyon, es que la supresión del gen daf-2 en los Caenorhabditis consiguió aumentar la esperanza de vida de estos gusanos en seis veces su longevidad normal. Como si esto fuera poco, los gusanos demostraron tener un envejecimiento lento, manteniendo la juventud durante la mayor parte de su extendida vida. Si pudiera lograrse el mismo efecto al suprimir dicho gen en los humanos, podríamos llegar a tener una esperanza de vida de unos 400 años al máximo de nuestra vitalidad por más tiempo del que podemos soñar.

Más allá del control genético, Kenyon también comprobó la influencia de la dieta ingerida en la conservación celular, concluyendo que el azúcar inicia una secuencia genética que aumenta la cantidad de insulina producida por un organismo generando una mayor demanda de azúcar. Esto incrementa el daño en las células del cuerpo, aumentando la velocidad de la degradación que contribuye al envejecimiento. En contraposición, el vino tinto y el té verde mostraron ser de gran ayuda para reparar las células que favorecen una mayor esperanza de vida. Y si pensamos en reparación, Kenyon afirma que “En principio, si entiendes los mecanismos de mantener las cosas reparadas, podría mantenerlas funcionando indefinidamente”. Tomando esto en cuenta es inevitable plantearse la posibilidad de alcanzar la inmortalidad, algo que la bioquímica no descarta. Desde su punto de vista, equilibrando las fuerzas de destrucción y de prevención (modificando los genes para que el nivel de “mantenimiento” sea más alto que el de destrucción) podría ser posible alcanzar la inmortalidad, al menos en principio.

Tales conceptos hacen que las sugerencias de la ciencia y la evolución respecto de un avance hacia la asimilación de razas y súper humanos se vean cada vez más cercanas. Por lo pronto, 400 años en pleno vigor y juventud no dejan de ser una alternativa más que admirable. Aunque no a todos nos tiente la idea de perdurar, una solución como ésta podría traer nuevas curas a diferentes enfermedades relacionadas al envejecimiento y destrucción celular.

Escrito por editorwp_constanza

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