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¿Por qué no soy millonario? De la vez que casi compro 100 bitcoins

Yo debería ser millonario. Debería estar nadando en una piscina llena de dinero y no escribiendo cosas como esta para ganarme la vida. Hoy, aquí, en Tierra-1, apenas si llego a fin de mes. Pero en el universo paralelo de Tierra-2 estoy en Ámsterdam, consumiendo marihuana de la buena, totalmente despreocupado por mi futuro. La diferencia entre un universo y otro está en un mísero clic del ratón. Un clic que me hubiese cambiado la vida para siempre. Un clic que, en el año 2011, me hubiese hecho acreedor a 100 bitcoins a cambio de una suma irrisoria.

Corría el año 2011 cuando en NeoTeo comenzamos a escribir  los primeros artículos sobre una criptomoneda llamada bitcoin. Una moneda P2P, descentralizada, que se podía minar desde un ordenador como el que yo tenía en esos momentos. Interesado, comencé a leer más sobre el tema. La idea enseguida me cayó mal. MUY MAL.

Acostumbrado a usar los servicios de la red BOINC, en donde mi poder de cómputo era aprovechado para buscar la cura del cáncer (entre otras cosas), no entendí en qué iba a ser utilizado ese mismo poder en el caso de que me pusiera a minar bitcoin. Ok, sí, lo entendí: iba a participar en la generación del blockchain, que sirve para almacenar información irrefutable. Pero, en su momento, esto no me pareció tan importante como participar en expandir nuestro conocimiento sobre la Vía Láctea o en la búsqueda de vida extraterrestre, por ejemplo.

La idea todavía no me convence, para qué mentir. A diferencia de la mayoría de los proyectos BOINC, bitcoin no tiene utilidad a la hora de optimizar el desarrollo científico y tecnológico, algo que -en definitiva- serviría para mejorar el mundo, y no solo para llenar los bolsillos de unos pocos. Incluso se podría decir que el blockchain llegó para perpetuar las injusticias y las inequidades del sistema, solo que de una manera más segura para los capitalistas. Y es que no cualquiera puede minar bitcoin, como muchos de sus evangelistas se empeñan en hacernos creer; así como tampoco cualquiera podrá disfrutar de las virtudes del tan mentado blockchain (cuando eso sea una cosa).

Para beneficiarse del sistema necesitamos tener la suma correcta para comprar el hardware (que no es barato), así como el suficiente conocimiento de informática para comenzar la operación. O sea, hay una barrera inmensa que mantiene afuera a los que más necesitarían de una nueva economía mundial, y que solo beneficia a los que más tienen, que pueden invertir su dinero para que le genere todavía más dinero. Entendí, entonces, que esto del bitcoin solo iba a beneficiar a una élite, que tarde o temprano iba a concentrar gran parte de las monedas generadas, como siempre sucedió con el dinero real. Al final, no estaba tan equivocado.

You may say I’m a dreamer, pero siempre me he preguntado si no hubiese sido mejor basar el valor de la moneda digital en relación a los beneficios humanitarios resultantes del poder de cómputo invertido. O sea, en algo como lo que es la red BOINC, pero en donde los participantes reciban monedas por ayudar a hacer un mundo mejor. Un “premio” por participar en la resolución de problemas reales que beneficiarían a la humanidad toda, y no a un puñado de tipos con el dinero suficiente como para acumular tarjetas gráficas o unidades ASIC.

Bueno, pues resulta que tal moneda existe, desde 2013. Se llama Gridcoin y es exactamente eso: Ganas créditos (monedas) en relación a tus aportes a los diferentes proyectos de la red BOINC. Lo mejor de todo es que utiliza la mayor cantidad de la energía invertida en ayudar a esos proyectos científicos y solo una mínima fracción para escribir su blockchain. ¿Quieres saber cuál es su valor? 0,017270 EUR o 0,020201 USD al momento de escribir este relato (contra los miles que vale cada bitcoin). Nosotros, los humanos, siempre con las prioridades claras, ¿verdad?

En definitiva, en todo eso estaba pensando cuando se me presentó la disyuntiva: ¿Dejaba de apoyar mis proyectos preferidos de BOINC y me ponía a especular en una criptomoneda con la que solo nos podríamos beneficiar unos pocos? Para mi desgracia, el tipo con principios que alguna vez fui, ganó la batalla y desestimé la idea de minar bitcoin en pos del beneficio humanitario. ¡Maldito seas, yo del pasado!

El asunto no se había terminado ahí. Semana tras semana en NeoTeo escribíamos sobre los avances del bitcoin y la idea de estar perdiéndome de algo no me dejaba de molestar. ¿Y si el bitcoin aumentaba de valor y yo estaba dejando pasar la oportunidad de forrarme de por vida? ¿Cuánto me podía costar comprar una buena cantidad y especular un poquito a futuro? Porque SETI@HOME no se iba a ir de mi PC, eso lo tenía claro, pero tal vez podría comprar un puñado de esos malditos bitcoins y acallar esa parte de mi cerebro reptiliando que no me dejaba de incordiar con el asunto.

Así fue como, una vez más, me puse a investigar el asunto. Y encontré, en la Deep Web (cómo no), un exchanger con buena reputación que aceptaba pagos en PayPal. Si mal no recuerdo, 100 bitcoins me iban a salir algo así como 100 dólares, dolar más, dolar menos. Tan solo tenía que hacer el pedido, enviar el dinero y recibir esas 100 moneditas virtuales en mi cartera. Ya estaba casi todo listo: había arreglado el monto con el exchanger y le había enviado la dirección de mi cartera. Tan solo tenía que enviarle su dinero para completar la transacción.

Y allí estaba yo, dentro de mi PayPal, lo recuerdo como si fuera ayer, con los 100 dólares cargados y listos para enviar pinchando el botón correspondiente. ¿Y qué fue lo que pasó? Me arrepentí. No fue por los 100 dólares. Siempre trabajé y me podía permitir ese gasto, que no representaba gran cosa. Me arrepentí porque me sentí mal conmigo mismo participando en algo en lo que no estaba de acuerdo, que había venido a reemplazar otros proyectos colaborativos humanitarios y que solo iba a beneficiar a los especuladores de siempre, arruinando la fiesta para todos. Mi estúpido y honorable yo del pasado, una vez más, atentando contra su futuro por una cuestión de principios.

¿Me arrepiento? ¡CLARO QUE ME ARREPIENTO! No pasa semana en la que no me reproche no haber presionado ese maldito botón que me hubiese hecho rico más allá de todas mis expectativas. A veces el odio es tan grande que ruego para que el valor del bitcoin se hunda y arruine a todos los que alguna vez apostaron por él; pero luego me doy cuenta que es solo mi resentimiento el que me hace sentir así, y se me pasa (hasta la próxima vez que el bitcoin aumenta unos miles de dólares y ahí me broto otra vez).

Aún así, todavía sigo encontrando a todo el asunto terriblemente reprochable (¡en algo me tenía que parecer a Bill Gates!). El gasto energético para la generación de criptomonedas es aberrante. En las últimas estimaciones que leí, el minado consume más energía que 159 países juntos (fuente). ¡159 países! En un momento de nuestra historia en la que el cambio climático amenaza con llevarnos a todos puestos, el perjuicio del minado de criptomonedas es, por lo menos, reprensible pues su impacto es significativo.

Eso sin contar las comunidades enteras que se han visto desplazadas por los mineros que se instalan en sus ciudades, aprovechando ya sea las bajas temperaturas o la energía barata, al ver cómo sus boletas de electricidad crecieron desproporcionadamente por el consumo de los especuladores (fuente). ¿Y todo para qué? Ok, ok, sí, para la generación del blockchain (que espero alguna vez deje de ser una promesa y muestre su valía), pero por sobre todo para llenar los bolsillos de los que ya los tienen bastante llenos.

Así que por lo menos me queda ese consuelo, que es poco… pero es algo. Seré pobre, no estaré fumando cannabis del bueno en Ámsterdam, pero al menos nunca me convertí en aquello que más desprecio: Un especulador que participa en la destrucción del medioambiente, que desplaza comunidades enteras (en una especie de gentrificación tecnológica) y que saca el foco de la investigación científica para hacer un dinero virtual con el que se salvará él solo. Porque aquí, en mi ordenador, sigue SETI@HOME instalado, ¿eh? Ya me voy a reír yo cuando encontremos indicios de vida extraterrestre y se tengan que meter sus criptomonedas donde no les da el sol ante el nuevo cambio paradigma. Muajajajaja.

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