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Web 3.0: La Web Semántica

Este año dice ser el debut de una nueva WWW, una red cuyo alcance y objetivo implican un importante concepto de evolución informática. Se vienen los tiempos en que los ordenadores podrán cruzar información que hasta ahora carecía de sentido para estos, porque estaba diseñada para ser comprendida solo por humanos. Llega el despertar de las máquinas y, después de eso, probablemente Skynet envíe a Arnold otra vez a liquidar a su mentor, y hasta se haga la película.

Allá en el principio de los tiempos, sólo había ordenadores sin interconexión. No había Internet, sólo millones de burbujas que crecían en cada hogar. Mientras mirábamos las pantallas aisladas, sólo podíamos soñar con máquinas que pudieran intercomunicarnos. Cosa de ciencia-ficción, sin duda.

Pero hace cuarenta años los ordenadores comenzaron a darse la mano. Los pioneros de la futura Internet pudieron utilizar servicios como envío de mensajes electrónicos (e-mail), FTP, IRC y USENET.

Los años 80 nos trajeron por fin la Internet; evolución, y también revolución. Estábamos conectados como nunca antes y podíamos mirar el mundo de otra manera.

Negocios crecieron, se multiplicaron, cambiando la fisonomía del mundo. Alguien inventó el concepto de “ciberespacio”, grandes ideas surgieron y se hundieron como piedras en el mar. Pero Internet, aunque hubiera hecho realidad lo que no muchos años antes era un sueño futurista, continuaba siendo una colección de datos estáticos. En lo que hoy se denomina “Web 1.0”, Internet era un conjunto de protocolos y bases de datos sin integración.

En la década de los 90, en cambio, la red se volcó a un espacio más integrado. La World Wide Web, en su segunda fase evolutiva, o Web 2.0 como la llaman algunos expertos, trajo una nueva red de servicios basados en Internet que enfatiza la colaboración en línea y la compartición de datos entre los usuarios.

Hoy son comunes los weblogs o bitácoras, los podcasts, los sistemas de RSS, las wikis y una cantidad de aplicaciones estructuradas en la propia web que cumplen estándares de cooperación y se orientan a proveer un servicio social. Ejemplos de sitios y empresas que explotan la Web 2.0 son Wikipedia, eBay, Digg (o Meneame), Flickr y AdSense, por nombrar unos pocos. Estos conceptos han cambiado, en muchos casos, toda la estructura comercial y de información que teníamos en uso. Implican una evolución en materia de servicios y negocios que existen y sólo sirven a los fines de alimentar a las crecientes comunidades de navegantes de la red. Sin la colaboración de cientos de miles de personas aportando y compartiendo contenidos, comprando y participando, estos emprendimientos carecerían de sentido y se derrumbarían.

Como se puede ver, la Web 1.0 se sustentaba en la simple presentación de información útil, mientras que su fase de evolución la convirtió en una estructura coparticipativa, que se puede llamar Web 2.0.

Hacia la nueva Internet

Este año 2007, y supuestamente hasta el 2020, la World Wide Web estará ingresando en una nueva fase evolutiva, la Web 3.0, una denominación resistida por cierto sector y avalada por otro. No todos tienen en claro dónde termina la Web 2.0; incluyendo al británico Sir Timothy Berners Lee, el propio “inventor” de la Internet y director del World Wide Web Consortium (W3C), el organismo que supervisa el desarrollo de la gran red y establece sus convenciones.

Sin embargo, hay una amalgama de conceptos que ayudan a entender la enorme dimensión de este cambio. El responsable de acuñar esta denominación es John Markoff, un periodista de The New York Times, quien en 2006 quien dejó caer la idea en una columna del prestigioso periódico.

En verdad, ambas fases de evolución se mezclan de tal manera que no todos consienten en llamar Web 3.0 al cambio que se aproxima.

En el gráfico A se puede ver una línea de evolución tecnológica de acuerdo con Nova Spivack, miembro de la compañía americana Radar Networks, interesada en explotar el concepto. En ella se ilustra todo el trayecto desde la “prehistoria” de los ordenadores personales hasta la futura WebOS, o Web 4.0, de la que hablaremos en NeoTeo más adelante.

Lo que nos ocupa ahora es la Web 3.0, o Semántica. Hasta hoy, sin importar las tecnologías puestas al servicio de la WWW, los ordenadores son incapaces de analizar las inmensas piletas de información que circula o está almacenada en la red. Pueden mostrar la información que le pedimos, y relacionar algunos datos, pero no pueden analizarlos a la manera de un cerebro humano.

Esto es lo que cambia con la Web Semántica. La semántica es la parte de la lingüística que estudia la significación de las palabras, pero aquí no se refiere a esto sino a la interrelación que pueden lograr las máquinas para hacer que los datos sean manejables, es decir que tengan un “significado” procesable sin la intervención humana.

Hoy, si queremos por ejemplo comprar un libro al menor precio posible o en un cierto idioma, hemos de hacer una búsqueda por diferentes sitios y precios, fijarnos el más conveniente, considerar el método de envío, etc. Sólo podemos llegar a un resultado satisfactorio revisando y relacionando los datos personalmente, porque el ordenador es incapaz de entender la información, sólo puede mostrarla. La web está diseñada para ser leída por humanos, no por máquinas.

Estructura de descripción de recursos

En su actual estadio, la WWW está estructurada básicamente sobre documentos escritos en HTML (HyperText Markup Language). La Web Semántica será diferente: la información será publicada en un doble lenguaje, el normal y el que permite a los ordenadores manipular y combinar tal información. Este segundo lenguaje es el RDF, un acrónimo de Resource Description Framework, que junto a otros como OWL (Web Ontology Language, que puede escribir clases, propiedades y estados de algo) y XML (Extensible Markup Language, que facilita el entendimiento de los datos entre distintos sistemas informáticos) conforman la base sintáctica de la Web Semántica.

Esto no significa que los ordenadores vayan a ser capaces de entender realmente el significado de algo, pero sí que las piezas lógicas del significado puedan ser mecánicamente manipuladas por las máquinas a fin de obtener resultados útiles para el ser humano.

Para ser breves, la Web Semántica requiere del uso de tecnologías de descripción, mediante metatags más elaborados y ricos que los actuales. Estos deberán estar en el cuerpo del HTML y ser capaces de indicar qué clase de información existe en el mismo y cómo se puede relacionar con los metatags de otra página de la WWW.

El lenguaje RDF prove un método flexible para descomponer cualquier conocimiento en partes pequeñas, con ciertas reglas semánticas. A estas se las llama “triples” y están compuestas por sujeto, predicado (o verbo) y objeto. Por ejemplo,

peter_jackson : director : king_kong
king_kong : movie : 2005


RDF provee una serie de elementos que pueden ser utilizados para que las máquinas procesen el conocimiento en sí mismo, en lugar de texto, usando procesos similares a los deductivos del hombre, obteniendo resultados de búsqueda más significativos varios millones de veces más rápido que en la actualidad.

Por supuesto, la verdadera sintaxis es diferente, similar a la utilizada en XML; a lo anterior lo dimos a modo de ejemplo conceptual. Cuando cada página web disponga de esta sintaxis interna RDF, capaz de ser “entendida” por nuestros ordenadores, estaremos ante una nueva Internet, mucho más madura y útil.

El primer despertar de las máquinas

La Web Semántica será una web “inteligente”, capaz de entender el lenguaje natural y buscar datos sin intervención directa del hombre. Hoy sabe mostrar el título de un libro, su ubicación y su precio, pero no sabe que el título pertenece a un libro, a cuánta distancia está del comprador, en qué idioma está ni que los “50€” son su precio. En la nueva fase, bastará en nuestro ejemplo con introducir en un buscador “libros de Stephen King” para que el ordenador revise los stocks de diferentes librerías que estén más próximas a la máquina desde donde se introdujo la consulta, elija los que ofrecen el menor precio, verifique que estén en español, sume los costos de envío y presente la información en pantalla con una serie de enlaces relacionados, como web oficial del autor, imagen de la portada, un capítulo de muestra y las críticas recibidas.

Todo ello será con una mínima intervención nuestra, que simplemente originaremos la consulta inicial y luego responderemos a una pregunta o dos. La velocidad de ejecución y la precisión de lo que hagamos con la red como herramienta en nuestras vidas parece destinado a impulsar un nuevo estilo de vida y de comportamiento.

Yendo más allá, podría bastar con decirle a la WWW “comprar último libro de Stephen King” para que sin otra intervención la librería más próxima y con el mejor precio nos envíe a domicilio lo que pedimos, previo débito a nuestra cuenta bancaria. Esto, de hecho, acarrea muchas dudas y probablemente enfrentemos una nueva clase de problemas, algo que, de todos modos, es la contracara de cada nueva tecnología.

Escrito por Juan Salvo

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