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El origen de la consciencia: ¿Cómo nos volvimos conscientes?

¿En dos palabras? Energía y movimiento

Consciencia

Definir e identificar a la consciencia ha sido (y aún es) un desafío gigantesco para científicos y filósofos alrededor del mundo. Tranquilamente podríamos decir que esta batalla lleva milenios, y hasta ahora nos hemos conformado con la explicación genérica, «el estado que nos permite estar al tanto de nuestro entorno, y nuestro interior». También surge la necesidad de estudiar la relación entre la consciencia y la inteligencia, pero hoy vamos a explorar un punto aún más esencial: ¿Cómo nos volvimos conscientes? ¿Dónde comenzó todo?

La consciencia no llegó a su estado actual como una manifestación. Lo más probable es que haya surgido inicialmente de criaturas con una menor complejidad, y la selección natural (aplicada por cientos de millones de años) se encargó del trabajo pesado. El vídeo publicado por la gente de Kurzgesagt habla de una secuencia de pasos microscópicos, y se enfoca en el primero. Técnicamente, la consciencia no es necesaria para sobrevivir, y da como ejemplo a uno de los placozoos, Trichoplax adhaerens, que se desplaza al azar en busca de alimento. Si tiene comida cerca se mueve más lento, y cuando no hay nada a su alcance, acelera el ritmo. Efectividad pura, ya que de ese modo pierde menos tiempo en zonas de escasez… pero eso no lo hace consciente de su entorno.

(N. del R.: Recuerda que el vídeo tiene subtítulos en español)


El origen de la consciencia


Si tuviéramos que pensar en términos de una «acción fundamental» como punto de partida para el desarrollo de la consciencia, la candidata más firme es una combinación de energía y movimiento. La necesidad de satisfacer una cuota energética a través del alimento, y el valor del movimiento para acercarse a ese alimento, o alejarse de una amenaza. El vídeo brinda otro ejemplo, Girardia (Dugesa) tigrina. Cuando tiene hambre, se mueve para buscar comida usando su olfato. Cuando logra saciar su apetito, se queda quieto. Eso significa que su comportamiento y sus acciones están relacionadas con su estado fisiológico interno. El olfato es un recurso valioso, pero tiene límites, lo que nos lleva a mecanismos superiores de percepción. Uno de los más importantes es la visión, sin embargo, con ella no es suficiente. Al «perder de vista» a su alimento, una criatura necesita generar una representación de su entorno que le permita seguir adelante aún cuando sus sentidos no detectan nada. En resumen… memoria y permanencia. La capacidad de recordar, y reconocer que algo existe a pesar de no poder verlo.



Como era de esperarse, el vídeo va mucho más allá (es el primero de una nueva serie). Percepción del tiempo, gratificación aplazada, sentido de la prevención, anticipación y desarrollo del lenguaje son parte de la larga cadena de la consciencia, pero si solo te interesa su comienzo, no es mala idea pensar en un bicho hambriento siguiendo una dirección específica para encontrar comida.


Escrito por Lisandro Pardo

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