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Genética: Medicinas Personalizadas


Siempre hay algún medicamento que “no nos hace nada” o nos cae mal. ¿A quién no le interesa la posibilidad de tener una droga personalizada para cada una de sus dolencias?

Es lo que podríamos esperar de un futuro (no muy lejano) con los avances de la genética. Más allá de los rasgos únicos del ADN de cada ser humano, los distintos genotipos pueden unirnos en generalidades básicas. Esos grupos definidos podrían dar origen a medicinas específicas para cada cual. Podríamos verlo como diferentes aspirinas para tipos A, B, C, D (etc) como si se tratara de nuestro grupo sanguíneo. ¿El beneficio? Efectividad asegurada (y sin efectos adversos).

Estamos moldeados por nuestros genes. Más allá de cualquier tipo de personalidad, el ADN carga con ciertas inclinaciones que nos definen. A los viciosos nos gusta culpar a nuestros cromosomas de todas nuestras adicciones; sea al tabaco, a los chocolates o a los videojuegos. Y quizás no estemos tan errados en la práctica excusa. Después de todo, dicen – por ejemplo – que cierto genotipo otorga a las personas una sensibilidad especial en cuanto a los olores (y son los afortunados que pueden detectar quién ha comido espárragos por el olor de su orina). Son los distintos genotipos los que pueden hacerte resistente o extremadamente sensible a ciertos medicamentos que otros encuentran altamente efectivos. La ciencia sigue este camino en busca de drogas personalizadas, y un ejemplo actual del caso es el BiDil, un medicamento diseñado especialmente para la población de color en Estados Unidos. Más allá de los debates éticos que ha despuntado esta droga, es un paso hacia el perfeccionamiento genético. Con sus pros y sus contras.

El Proyecto del Genoma Personal (Personal Genome Project) ha estado intentando determinar estos genotipos por años. Junto con el Proyecto de Diversidad del Genoma Humano, van perfilando la posibilidad de definir las capacidades evolutivas y una investigación verdaderamente comprensiva de la genética. El PDGH busca datos para control de enfermedades y fines antropológicos, enfocados a tener una prueba definitiva del origen de los grupos raciales individuales. Y se une con el PGP en la investigación de las vulnerabilidades de ciertos grupos raciales a ciertas enfermedades. Así nace la llamada “Medicina Personalizada”, orientada a dar a los pacientes “la droga apropiada, la dosis apropiada, al paciente apropiado en el momento apropiado”, logrando precisión, velocidad, eficacia y seguridad en la cura de enfermedades. Para esto no alcanza solo la información genética; nuestro genotipo debe analizarse con nuestra información clínica y otras características, y aquí es donde todo lo que brilla deja de ser oro.

Para que el Proyecto del Genoma Personal pueda avanzar, la base de datos debe hacerse pública. Los genomas individuales, historial médico e información adicional de cada participante del proyecto han de estar disponibles para que los científicos puedan perfeccionar sus investigaciones. Según las palabras de George Church – genético de la Escuela Médica de Harvard y pionero del PGP – son justamente estos datos los que diferencian el PGP del Proyecto del Genoma Humano. Es necesario conectar los hechos de una persona con los hechos de su ADN para obtener un fenotipo rico y útil.

Todo el que haya visto la película “Gattaca” puede imaginarse los riesgos de que este tipo de información (una vez catalogada y establecida) sea pública. Tal como explica Church en el sitio de Technology Review, el genoma de un individuo al descubierto podría dar origen a discriminación laboral, imposibilidad de adquirir seguros y un futuro estigma social.

Otro de los riesgos de este tipo de investigaciones es el uso que podría darse de tal información para armas biológicas o químicas, destinadas a afectar a un solo grupo social o racial. Pero los beneficios podrían tener más peso que los riesgos, a fin de cuentas, vivimos luchando incansablemente contra las enfermedades, y el PGP podría ser la respuesta final.

Y en tanto uno se imagina entrar a una farmacia y pedir “una aspirina tipo F, por favor” que elimine sus dolencias en apenas segundos, es imposible no imaginar el lado oscuro de este conocimiento. ¿Serán nuestros genes propensos al Alzheimer? ¿Al cáncer? Creo que ninguno de nosotros querría saberlo con demasiada anticipación.

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Escrito por editorwp_constanza

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