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Richard Garriott y las propiedades lunares

El legendario diseñador de juegos Guy Richard Garriott, conocido por sus colegas y fanáticos como “Lord British”, está reclamando una porción de la Luna. Basa su caso en la compra del vehículo no tripulado de exploración espacial ruso Lunokhod 2 y su transporte -la sonda Luna 21- y en una “agujero legal”.  Garriott asegura que la compra realizada en 1993 le da un legítimo derecho al territorio “descubierto” por su vehículo. ¿Tiene razón o simplemente se trata de una humorada del millonario?

Guy Richard Garriott nació en Cambridge, Inglaterra, y se crió en Houston (EE.UU.) Hijo del astronauta norteamericano Owen Garriott, que en 1973 pasó dos meses a bordo de Skylab, la primera estación espacial operacional de la historia, el pequeño Guy Richard mostró rápidamente un gran interés en los ordenadores. Apodado "lord british" por sus camaradas de clase debido a su acento, programó numerosos juegos y los distribuyó entre sus compañeros para que los probasen. Algunos años después, mientras trabajaba trabajando en un comercio de productos informáticos, comercializó su primer juego de ordenador, “Akalabeth”, del que vendió varios miles de ejemplares. A principios de la década de 1980 desarrolló la serie Ultima, y luego fundó su propia empresa, Origin System. La vendió, creó otra y casi sin darse cuenta se convirtió en multimillonario. Hombre de gustos caros, hace un par de años decidió gastar 30 millones de dólares de su fortuna para participar en un viaje espacial con la empresa Space Adventures.

Pero quizás su decisión más extravagante haya sido la de comprar -en 1993- el vehículo no tripulado de exploración espacial Lunokhod 2 y su transportador Luna 21. Estos vehículos habían sido puestos a la venta como parte de una subasta de Sotheby y “solamente” costaban 68 mil dólares. Garriott no pudo resistir la tentación y se convirtió en el dueño de los restos de la misión rusa, que aterrizó en la superficie de la Luna el 15 de enero de 1973. El Lunokhod 2 permaneció en funcionamiento hasta el 9 de mayo, cuando un accidente hizo que rodase dentro de un cráter y quedase sepultado bajo el regolito lunar. Con sus paneles solares a oscuras, el Lunokhod 2 no tuvo más alternativa que poner fin a su misión. Hace unos días, imágenes recibidas por la NASA desde el Lunar Reconnaissance Orbiter (LRO) permitieron localizar el sitio exacto en que se encuentran los cacharros de Garriott. Conocida la noticia, Guy Richard puso en evidencia que sus intereses van más allá de los vehículos en cuestión, declarando que “si bien es fantástico que tengan una fotografía actual de mi propiedad en la Luna, creo que puedo reclamar como derecho legítimo un territorio en el satélite. Por menos, el terreno alrededor de mi vehículo y su trayecto sobre la superficie lunar”. Según ha trascendido,  Garriott está trabajando junto a abogados especializados en derecho internacional para determinar los pasos a seguir para reclamar formalmente sus pretendidos derechos de propiedad en la Luna.

¿Cual es el argumento de Garriott? Muy sencillo: él imagina un futuro en el que los viajes espaciales sean moneda corriente, y cientos o miles de turistas que cada día quisiesen visitar los restos de la misión rusa. En este escenario, Garriot cree justo que los viajeros espaciales del futuro paguen algún dinero por pasar o permanecer en su propiedad, y aunque por lo bajo admite que su denuncia “es un poco en broma”, lo cierto es que no deja de repetir que existe un marco internacional para apoyar esa reivindicación territorial. En efecto, y por increíble que pueda parecer, hay legislación al respecto. Los abogados parecen estar expandiendo su esfera de influencia incluso al espacio exterior, y ya se ha legislado -en el Tratado del Espacio Ultraterrestre ruso, por ejemplo, que no se adquiere el territorio solo por alunizar un objeto de su propiedad. En el seno de la mismísima ONU (Organización de las Naciones Unidas) se firmó en 1967 un tratado que prohíbe la compraventa de terrenos exteriores a la Tierra, por lo que teóricamente la Luna no podría ser posesión de nadie. ¿Esto significa que Garriott fracasará en su intento? No necesariamente.

El chileno Jenaro Gajardo Vera, en 1954, se tomó la libertad de escriturar la Luna a su nombre. Esto, que podría parecer una simple broma, no lo fue tanto, ya que el gobierno de los Estados Unidos le pidió autorización para el descenso de los astronautas Aldrin y Armstrong en el Apolo XI. En su testamento Gajardo dejó su Luna “al pueblo chileno”, pero esto no impidió que Dennis Hope comenzase en 1980 un emprendimiento llamado Lunar Embassy, con el que pretendía reclamar la plena soberanía de la Luna. Todo esto demuestra que si  Garriott pone el empeño (y los millones) suficiente, quizás logre quedarse con unos terrenitos en la Luna. Lejos de ser una humorada, esto puede convertirse en el puntapié inicial de una serie de pleitos o reclamos de parte de cada nación que arrojó un trozo de chatarra contra la Luna. Incluso podría surgir una nueva industria, dedicada a enviar vehículos pequeños, baratos e inútiles a nuestro satélite sólo para tomar posesión de terrenos que -en el futuro- pueden tener un gran valor comercial. ¿Que te parece?

Escrito por Ariel Palazzesi

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