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Terremotos en la Luna

Entre 1969 y 1972, los astronautas de las misiones Apolo colocaron sismógrafos en los sitios de los alunizajes, y estos instrumentos enviaron información por radio a la Tierra hasta que agotaron su energía en 1977. Esto sirvió para conocer que, en la Luna, los terremotos son mucho más frecuentes que en la Tierra. Más frecuentes y de mayor duración. Algún día construiremos bases permanentes en la Luna, pero si queremos sobrevivir, además de las provisiones de aire y la protección contra las radiaciones y el vacío, tendremos que proveernos de alojamientos seguros, a prueba de temblores.

No solo la Tierra resulta afectada por los terremotos. La Luna también padece temblores, y con mucha más frecuencia y duración que los de nuestro planeta. En rigor de verdad, la palabra “terremoto” significa “movimiento de tierra”, por lo que lo correcto es referirse a estos temblores lunares como “sismos”, aunque casi todo el mundo los llama también terremotos. Entre 1969 y 1972, los astronautas que llegaron a la Luna a bordo de los Apolo colocaron sismógrafos en los diferentes sitios de alunizaje. Concretamente, las misiones Apolo 12, 14, 15 y 16 transportaron sismógrafos que enviaron información por radio  a la Tierra hasta que dejaron de funcionar en 1977. Gracias a estos aparatos sabemos que existen al menos cuatro tipos diferentes de sismos lunares. Los primeros consisten en trepidaciones profundas, que tienen lugar a unos 700 kilómetros por debajo de la superficie de nuestro satélite, y que posiblemente tienen su origen en las deformaciones que sufre debido a las fuerzas de marea provocadas por la Tierra. El segundo tipo de vibraciones registradas provienen del impacto de meteoritos, y su intensidad es proporcional al tamaño y velocidad del cuerpo que impacta contra la Luna. En tercer lugar, ocurren temblores causados por la expansión de la corteza lunar, al calentarse con radiación solar después de una noche de frío extremo y una duración de dos semanas. Por ultimo, el cuarto tipo de sismo lunar es un fenómeno que ocurre a poca profundidad, solo a 20 o 30 kilómetros por debajo de su superficie.

Clive R. Neal, un catedrático asociado de ingeniería civil y ciencias geológicas en la Universidad de Notre Dame, junto a un equipo formado por otros 15 científicos planetarios, ha trabajado duro revisando la información recopilada por las misiones Apolo de década de los 70. Su trabajo ha permitido conocer a fondo estos fenómenos sísmicos, y determinar que los primeros tres tipos de “terremotos” mencionados son por lo general ligeros y no causarían demasiado daño a las futuras instalaciones lunares.  Pero los sismos de poca profundidad constituyen un peligro importante para la integridad de una hipotética base permanente en la Luna. La red sísmica instalada por la NASA registró, entre 1972 y 1977,  28 movimientos en total. Algunos de ellos "alcanzaron valores de hasta 5,5 grados en la escala de Richter", indica Neal. Un sismo de esa magnitud en la Tierra tiene la suficiente energía como para mover muebles pesados, romper vidrios de ventanas o causar grietas en las paredes. En una base lunar, donde cualquier fisura puede significar una sentencia de muerte para sus ocupantes, estos eventos son sin duda mucho más preocupantes.

Además, los sismos lunares de poca profundidad tienen una duración extraordinaria: todos tuvieron una duración de más de 10 minutos. En la Tierra, las vibraciones de este tipo rara vez tienen una duración mayor que 20 o 30 segundos. Parece que el motivo de este extraño comportamiento se debe a la ausencia de agentes atmosféricos. Neal explica que en la Tierra, “el agua suaviza los depósitos rocosos, expandiendo la estructura de los distintos minerales. Cuando la energía se propaga a través de una estructura comprimible como ésta, se comporta como una esponja de espuma capaz de atenuar las vibraciones". Es por eso que incluso las sacudidas causadas por los terremotos más potentes no duran más de dos o tres minutos. Pero la Luna, seca, fría y rígida, se comporta como si fuese una sola pieza de piedra o de hierro: los sismos la hacen vibrar como a una campana. Aunque un sismo lunar no sea demasiado intenso “continúa por un largo tiempo”, explica Neal. Esa persistencia puede tener efectos más significativos sobre una construcción en la Luna que la propia magnitud del sismo. “Cualquier hábitat que construyamos en la Luna deberá ser diseñado en base a materiales ligeramente flexibles", de forma que no se rajen al ser sometidos a estas largas vibraciones. “También necesitaríamos conocer el límite de fatiga de los materiales de construcción", esto es, qué tanta resistencia presentan a las flexiones y a los temblores constantes, explica el experto.

Todavía no sabemos exactamente cual es el motivo que genera estos sismos a poca profundidad. Los sismógrafos de las misiones Apolo se colocaron en una región pequeña en el lado visible de la Luna, por lo que no tenemos una “imagen” completa de lo que está ocurriendo. Neal y sus colegas creen que pueden deberse a los bordes de cráteres más grandes y recientes que ocasionalmente podrían desmoronarse, pero es solo una hipótesis. De todos modos, “hacen falta datos más detallados” antes de decidir en que lugar  instalar una base lunar. Uno de los sitios propuestos se encuentra en el borde del Cráter Shackleton, en el polo sur de la Luna, una región en donde el Sol brilla permanentemente pero de la que prácticamente nada se sabe sobre los sismos que puede padecer o sobre su intensidad. Neal ha propuesto desplegar una red de 10 a 12 sismómetros en otros tantos sitios ubicados alrededor de la Luna, lo que nos permitiría recopilar información suficiente como para saber cuales son las áreas más seguras para instalar bases lunares permanentes. Es un trabajo de deberá hacerse, al menos si queremos evitar un desastre que además de costar vidas humanas, atrase la conquista de la Luna. ¿No crees?

Escrito por Ariel Palazzesi

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