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Calculadoras ANITA

La historia de las calculadoras electrónicas  de escritorio y portátil comienza con la primer ANITA. Esta serie de calculadoras, cuyos modelos “ANITA Mark VII” y “ANITA Mark VIII” fueron puestos a la venta en 1961, supusieron una verdadera revolución en las oficinas de la época. El mercado estaba dominado por las calculadoras electromecánicas o mecánicas, mucho más lentas, pesadas y  complejas. Construidas con elementos hoy en desuso, como las válvulas de vacío, las ANITA construidas por la compañía inglesa Bell Punch son muy codiciadas por los coleccionistas.

Los estudiantes -sobre todo los universitarios- y hombres de negocios tienen a su disposición una gran cantidad de marcas y modelos de calculadoras electrónicas. De pequeño tamaño, livianas, con pantallas táctiles, programables, con conexión USB y todos los “extras” imaginables. Existen modelos especializados en finanzas, en cálculos de ingeniería e incluso modelos que pueden graficar sus resultados. Pero esto no siempre fue así. A mediados de la década de 1950 decir “calculadora” era equivalente a decir “enorme y caro mastodonte mecánico que puede sumar”. A principios de la década siguiente esta situación cambió, cuando a fines de 1961 una empresa del Reino Unido llamada Bell Punch comenzó a comercializar mediante su división Sumlock Comptometer las primeras calculadoras electrónicas “ANITA”.

Las “ANITA” no eran precisamente pequeñas.

ANITA” se cree que es el acrónimo de la frase “A New Inspiration To Arithmetic” o bien de “A New Inspiration To Accounting”, pero solo se trata de conjeturas que no han podido ser demostradas. Como sea, estas máquinas aprovecharon la tecnología disponible en la época -la misma que había permitido construir los primeros ordenadores electrónicos– para dar lugar a la primer generación de calculadoras de escritorio o portátiles. Basaban su funcionamiento en los tubos de vacío, tubos de conmutación de cátodo frío y componentes pasivos. El tamaño de estos componentes, a pesar de haber utilizado los más pequeños disponibles, era bastante grande, así que las “ANITA” no eran precisamente pequeñas. No obstante, eran mucho más convenientes que sus “primas” mecánicas o electromecánicas.

Como pantalla se empleaban los llamados “tubos nixie”.

Por aquellos años no existía nada parecido a una pantalla LCD. Ni siquiera se habían inventado los “dígitos LED de 7 segmentos” que tanto se utilizaron más tarde. Lo único que había a mano para utilizar como “pantalla” eran los llamados “tubos nixie”, componentes muy similares a las lámparas de vacío que disponían de un filamento incandescente para cada dígito. Seguramente habrás visto en la red algún proyecto que los emplea, ya que hoy día son muy buscados por su aspecto “retro”. Hace décadas que no se fabrican, y conseguirlos no es demasiado fácil. Las primeras “ANITA” mostraban sus resultados en una serie de estos tubos.

Basaban su funcionamiento en los tubos de vacío y componentes pasivos.

Bell Punch había nacido (y obtenido su nombre) como un fabricante de perforadoras de tarjetas de autobuses y tranvías. Comenzaron a fabricar calculadoras mecánicas en los años 30, y lo hicieron durante casi treinta años. Pero en 1956 un joven llamado Nerbert Kitz, que había colaborado en el desarrollo de un ordenador llamado “British Pilot ACE”, convencido de que el futuro de las calculadoras era electrónico, pidió reunirse con los gerentes de una subsidiaria de Bell Punch -llamada Control Systems LTD– para ofrecerles sus servicios.

Los responsables de la empresa quedaron impresionados con la propuesta de Kitz. Tanto, que decidieron crear un departamento especial dedicado al desarrollo de productos electrónicos, algo que en esa época era muy poco frecuente. Kitz asumió la dirección y nació un proyecto que debía proporcionar a la empresa una versión electrónica de las calculadoras mecánicas que Bell comercializaba.

Publicidad de la época

Decididos a evitar que la competencia les arrebatase la idea, todo el desarrollo de hizo bajo el nombre en código de “ANITA”, el mismo que más tarde se les daría a las calculadoras producidas por la empresa. Los primeros prototipos eran “híbridos”: contenían tanto partes electrónicas como mecánicas. Construir una calculadora completamente electrónica en esa época era todo un desafío. Los ingenieros que trabajaban bajo la supervisión de Kitz debían desarrollar los circuitos necesarios para que ANITA fuese capaz de realizar las cuatro funciones aritméticas básicas (suma, resta, multiplicación y división), circuitos de memoria para el almacenar los operandos y resultados parciales, etcétera.

Un enorme problema que sobrevolaba el proyecto era, sin dudas, el costo del producto final. En esa época los componentes electrónicos no eran precisamente baratos, y la versión final de la primer Anita costaba unas 50.000 libras, más de 140 veces el valor de sus equivalentes mecánicos. En 1958 estuvo listo un prototipo completamente electrónico, que Kitz presentó lleno de orgullo al consejo de la empresa. Algo más grande que las versiones finales que se vendieron al publico, esta máquina fue donada años más tarde al Museo Científico de Londres. Cuando llegó a los consumidores está máquina se llamó “ANITA Mk VIII”, y se la pudo ver por primera vez en la Business Efficiency Exhibition que tuvo lugar en Londres entre el 2 y el 11 de octubre de 1961.

Anita MK VIII

Los transistores ya estaban convirtiéndose en formidables competidores de los tubos de vacío, pero Bell Punch había invertido años en su desarrollo y siguió comercializando modelos similares a la  Mk VIII durante bastante tiempo. Además, la tecnología de los circuitos integrados todavía era algo parecido a la ciencia ficción, y algunos tubos, como los “dekatron”, eran capaces de realizar la misma tarea que un gran número de transistores. Una característica de las ANITA que hoy parece muy extraña es que no se basaban en la aritmética binaria (la que hoy usan todos los ordenadores y calculadoras digitales), sino que al igual que sus pares mecánicos realizaban los cálculos en notación decimal.

A pesar de su precio, las silenciosas y fáciles de operar ANITA alcanzaron las 10 mil unidades vendidas en sólo 3 años. Con el tiempo la empresa abandonó los tubos de vacío y comenzó a vender equipos basados en transistores y circuitos integrados, pero conservó el nombre “ANITA” para toda su linea de calculadoras. La división comandada por Kitz fue comprada por el principal proveedor de circuitos integrados de la época, la estadounidense Rockwell International, en 1974, que abandonó su producción dos años más tarde. Hoy los coleccionistas son capaces de prostituir a sus esposas para conseguir una de estas bellezas. Y los que no logran hacerlo, se conforman con utilizar alguno de los emuladores de “ANITAs” que pueden encontrarse en la red.

Escrito por Ariel Palazzesi

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